13,912 Son de Tambora 332, – Las personas y comunidades al centro de la respuesta humanitaria

Son de Tambora
13 de junio de 2019
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De: La Iniciativa de Comunicación – Comunicación y medios para el desarrollo de América Latina y el CaribeSuscríbase al Son de Tambora

***LAS PERSONAS Y COMUNIDADES AL CENTRO DE LA RESPUESTA HUMANITARIA
La rendición de cuentas y la inclusión de las comunidades afectadas no son un complemento en la atención de emergencias, son una forma diferente de trabajar.
En el Son de Tambora 329 – De las palabras a la acción” en la gestión del riesgo de desastres y la acción humanitaria resumimos algunas de las experiencia presentadas en el Taller de aprendizaje regional en Panamá “De las Palabras a la Acción”, convocado a finales del 2018, convocado por UNICEF, La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) y la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), con el apoyo financiero de la Oficina de Asistencia de Desastres en el Extranjero de los Estados Unidos (OFDA). Allí se reunieron más de 75 representantes de diferentes gobiernos, agencias de la ONU, ONG y otras organizaciones para compartir experiencias, buenas prácticas y estrategias para apoyar acciones humanitarias más efectivas.
En este número del Son de Tambora queremos invitar al diálogo con un documento de reflexión sobre de la importancia de mejorar la eficiencia y efectividad de la atención de emergencias, incorporando la Rendición de Cuentas a las Poblaciones Afectadas (RCPA), mediante la integración sistemática de Comunicación y Participación Comunitaria (CPC) en la respuesta a las crisis.
REPENSAR LA ACCIÓN HUMANITARIA
El incremento en la frecuencia y la severidad de las crisis humanitarias en el mundo, como resultado de desastres de origen natural, pero también de conflictos armados, tensiones sociales y colapsos económicos, ha hecho indispensable repensar la acción humanitaria para hacerla más efectiva, pero sobre todo, para verla desde el punto de vista de las personas afectadas.
Huracanes (Irma, María, Mateo), terremotos y erupciones volcánicas (México, Guatemala, Ecuador), Niño, Niña y otros fenómenos climáticos (Colombia, Perú), problemas de salud pública (Zika, Dengue, Chikungunya), desplazamientos y migraciones (Colombia, Venezuela, Honduras, El Salvador), tienen consecuencias que no se circunscriben a las visibles de manera inmediata como la falta de abrigo, alimentos y agua. En el mediado y largo plazo, las personas, las familias y el sistema en general, se ven seriamente afectados: la educación de los niños se detiene; la atención en salud se deteriora; la vivienda se destruye; la movilidad se dificulta; el trabajo se acaba…
En la planificación de la respuesta humanitaria, durante la atención inicial y en la recuperación a largo plazo, son las vidas de esas personas y familias afectadas, las que están en juego. Quienes vienen a ayudar de manera momentánea, conocen menos las dinámicas sociales y económicas que los propios afectados.
Es precisamente en este hecho que se basa el derecho a la Rendición de Cuentas a las Personas Afectadas (RCPA), por parte de las organizaciones que atienden la emergencia. Es su vida y por tanto, tienen el derecho a estar directamente involucrados.
Pero hay más. La Rendición de Cuentas a las Personas Afectadas (RCPA) mejorará significativamente la efectividad de la respuesta humanitaria a corto y largo plazo, dado que se nutrirá del conocimiento local, estará más en sintonía con los procesos locales de toma de decisiones, tendrá una comprensión más profunda de los aspectos físicos y sociales que deben ser negociados, garantizará el diálogo interno y logrará que el debate y los procesos de negociación no pierdan de vista las posibilidades y oportunidades a largo plazo, entre otros aspectos.
COMUNICACIÓN Y PARTICIPACIÓN COMUNITARIA (CPC) Y RENDICIÓN DE CUENTAS A LAS POBLACIONES AFECTADAS (RCPA)
La Comunicación y Participación Comunitaria se relaciona con conceptos como la Comunicación para el Desarrollo (C4D), la Comunicación con las Comunidades (CwC) o la Participación Comunitaria y Rendición de Cuentas (CEA), entre otros. Todos apuntan a asegurar una comunicación efectiva entre las organizaciones de apoyo y las personas afectadas para lograr mejores resultados para ellos y cumplir con los compromisos de Rendición de Cuentas a las Poblaciones Afectadas (RCPA).
Las evaluaciones y discusiones recientes sobre la respuesta a las crisis humanitarias y las emergencias de salud pública muestran que la integración sistemática de los enfoques de Comunicación y Participación Comunitaria es vital para la planificación de acciones humanitarias responsables y efectivas.
Componentes claves
Integrar la Comunicación y Participación Comunitaria en la programación humanitaria puede ser difícil, si no se tiene claridad de lo que significa en la práctica. Sobre la base del trabajo realizado por el Communication and Community Engagement Initiative, el taller presentó un resumen de los componentes clave de la CPC y cómo estos refuerzan el hecho de poner a las personas en el centro de las acciones humanitarias. Estos son los aspectos a tener en cuenta:

  • Participación comunitaria: brindar oportunidades para que las personas afectadas participen en los procesos de toma de decisiones sobre el diseño, la implementación, el monitoreo y la gestión de las actividades de ayuda.
  • Comunicación bidireccional: promover sistemáticamente, canales bidireccionales de comunicación entre proveedores de ayuda y comunidades.
  • Mecanismos de comentarios y quejas: implementar medios seguros y apropiados para que las personas afectadas expresen sus opiniones y quejas, y para que los proveedores de asistencia respondan y tomen medidas correctivas oportunas, cuando sea necesario.
  • Protección contra la explotación y el abuso sexual: incorporar medidas para minimizar los riesgos y responder a los problemas de protección, incluidos la explotación y el abuso sexual y la violencia de género.
  • Coordinación: asegurar enfoques coordinados de comunicación, retroalimentación y compromiso para apoyar resultados más eficientes y efectivos.
  • Fortalecimiento de las capacidades locales: programar la ayuda y los recursos para promover, fortalecer y priorizar las capacidades y conocimientos locales y generar resultados sostenibles para las personas afectadas.
  • Abogacía basada en la evidencia: abogar por las necesidades, prioridades y preferencias de las personas afectadas, con su participación y con base en los datos y la evidencia.

Experiencia regional
Se reconoce que los gobiernos, los actores humanitarios y las organizaciones de la sociedad civil en América Latina y el Caribe tienen una larga historia y experiencia en la aplicación de los enfoques de Comunicación y Participación Comunitaria y Comunicación para el Desarrollo (C4D) como base para la planificación y la implementación de programas humanitarios y de desarrollo. Esto abarca, desde campañas que promueven programas de preparación para desastres y reducción de riesgos basados en la comunidad, hasta acciones para brindar información sobre situaciones de desastres o emergencias de salud que pueden salvar vidas, como se vio en la reciente respuesta al virus Zika.
Cooperación y coordinación
Así mismo, la respuesta a grandes desastres como el huracán Mitch hace veinte años, ayudó a estimular el desarrollo de una cooperación y coordinación a largo plazo y mucho más estrecha, entre las autoridades nacionales e internacionales de gestión de desastres y las administraciones públicas nacionales y locales. Podemos citar como ejemplo a RedHum y CEPREDENAC, plataformas bien desarrolladas que han fortalecido las capacidades regionales de intercambio de información y coordinación para apoyar las actividades de preparación y respuesta ante emergencias.
Sin embargo, en América Latina y el Caribe, persisten importantes desafíos y la necesidad de realizar más esfuerzos a nivel interno y dentro del sector, para trabajar de manera coordinada, movilizando recursos colectivos para lograr mejores resultados para las personas vulnerables. Existen muchos buenos ejemplos de coordinación, particularmente en C4D, pero se necesita sistematizar esta experiencia para incorporarla de manera regular a la programación.
Las evaluaciones y los planes deben ajustarse para incluir los puntos de vista y las voces de las personas vulnerables y los actores humanitarios deben gestionar esta información para apoyar el empoderamiento de las comunidades. La comunicación y el compromiso de la comunidad deben ayudar a amplificar las voces de las personas vulnerables y construir relaciones de confianza.
DESAFÍOS
Incorporación de la perspectiva de género en la CPC
Uno de los principales desafíos para la incorporación de la perspectiva de género es que los compromisos de políticas muchas veces son “ciegos al género” y los conceptos siguen siendo vagos, con pequeños detalles concretos sobre lo que pueden hacer los equipos de liderazgo y gestión para integrar el género en la programación. Esto ayuda a perpetuar las actitudes y percepciones que minimizan la importancia del género como un componente crítico de la buena gestión del programa.
Siete pasos prácticos para incorporar el género en las respuestas humanitarias y las actividades de la CPC:

  • Llevar a cabo consultas separadas con grupos de mujeres y hombres de diferentes grupos de edad para identificar necesidades, prioridades y preferencias para la prestación de asistencia.
  • Recopilar y desagregar datos en función de sexo, edad y capacidad (SADD) en todas las evaluaciones de necesidades y actividades de monitoreo y garantizar una representación adecuada de todos los grupos de población.
  • Usar la evaluación y el monitoreo de datos y análisis de género para informar el diseño, implementación y adaptación de programas y actividades.
  • Diseñar programas para garantizar un acceso seguro y equitativo a la asistencia y los servicios para todos los grupos de población afectados y vulnerables.
  • Diseñar mecanismos de retroalimentación y quejas que sean seguros y accesibles para todos los grupos de población afectados y vulnerables.
  • Probar y validar que los canales y mensajes de comunicación sean accesibles, apropiados y útiles para las audiencias previstas.

Integración de CCE en la respuesta a desastres
En la región existen diversos ejemplos y lecciones aprendidas (ver Son de Tambora 329), entre ellos, el uso del video participativo, un medio relativamente simple y económico para captar las voces de las comunidades en situación de emergencia; la utilización del juego para fortalecer las capacidades de autoprotección de niñas y niños; la radio comunitaria para reforzar los mensajes y comportamientos positivos en materia de salud, nutrición, higiene, agua y saneamiento y prevención de la violencia.

En estas experiencias pueden identificarse desafíos clave:

  • El acceso limitado a las poblaciones, la infraestructura de comunicación destruida y la necesidad de fortalecer la ayuda humanitaria con la participación y el compromiso de la comunidad.
  • El mapeo de recursos y capacidades, la realización de pruebas previas de mensajes básicos y, lo más importante, la definición de cómo se integrará CCE / AAP en los procesos de diseño y toma de decisiones.
  • Los ejemplos de la región muestran que hay muchas maneras diferentes de integrar los enfoques CCE / AAP en el ciclo del programa humanitario (HPC) y los mecanismos de coordinación humanitaria; esto proporciona una buena base para construir y adaptarse a otros contextos.
  • Los métodos mixtos de CCE / AAP utilizados en combinación con otras herramientas de evaluación y monitoreo aumentan la calidad y la efectividad de las actividades, pero a menos que se integren sistemáticamente en el proceso de gestión y toma de decisiones, las mejoras pueden ser limitadas.

Integración de CCE en la respuesta a los movimientos de población y los flujos de refugiados y migrantes
Los movimientos de población son otro problema humanitario común que enfrenta la región de América Latina y el Caribe. La pobreza, los desastres, los conflictos y la agitación política y económica contribuyen al desplazamiento de miles de personas cada año. La crisis en Venezuela y la caravana de migrantes centroamericanos son dos ejemplos recientes. Al igual que con los desastres, algunos grupos de población son especialmente vulnerables, como los jóvenes y los niños.
En este campo también se encuentran experiencias importantes de integración de CCE en la región: la Plataforma Interagencial Sobre la Crisis de la Migración en Venezuela, que trabaja para evitar la duplicación y maximizar el alcance y el impacto de las actividades de CCE y C4D, con un enfoque más colectivo; la Operación Acogida en Brasil, que ha demostrado el valor de la coordinación interinstitucional entre agencias, que se enfocan en objetivos comunes para apoyar a las poblaciones desplazadas; o experiencias como El Jaguar que buscan aumentar la información sobre el procedimiento de asilo de las personas.
En este sentido, también hay lecciones clave:

  • Los movimientos de población presentan desafíos únicos para CCE / AAP, ya que los canales de comunicación preferidos podrían no estar disponibles, las redes de seguridad social tradicionales se ven interrumpidas y existen dificultades para identificar e involucrar a las personas afectadas en movimiento.
  • La experiencia en la región muestra que hay muchas maneras diferentes de integrar los enfoques CCE / AAP para llegar a los refugiados y migrantes; es importante considerar las redes sociales y otras herramientas como parte potencial de las actividades de CCE.
  • Los aportes y comentarios de las comunidades son críticos para comprender sus necesidades y prioridades, pero el alcance de las intervenciones puede ser limitado cuando las personas continúan mudándose a diferentes lugares.
  • A pesar de los ejemplos de buenas prácticas, la falta de claridad sobre los roles y las responsabilidades sobre cómo coordinar y poner en práctica un enfoque común y coherente para CCE, limita el potencial de tener un impacto más positivo en las respuestas.

Integración de CCE en la respuesta a emergencias sanitarias
Si bien América Latina y el Caribe como región ha logrado mejoras en términos de indicadores de salud, la pobreza, la desigualdad en el ingreso y las inversiones desiguales en los sistemas de salud pública se traducen en un acceso limitado a la atención de salud para muchos grupos marginados y vulnerables de la población. Los desastres, conflictos y brotes de enfermedades empeoran estas situaciones.
En este ámbito encontramos también experiencias regionales de incorporación de CCE: el Proyecto CAZ, que pone su foco en mejorar y aumentar las capacidades comunitarias, a través de cambios de comportamientos, que reducen los riesgos del virus del Zika; el Estudio de caso sobre Zika que le ha permitido a Unicef desarrollar campañas más precisas de intercambio de información y cambio de comportamiento; las revisiones como Retos y barreras para la participación y prácticas de participación comunitaria en la prevención de Dengue, Chikungunya y Zika, que contribuyen a fortalecer las políticas de comunicación a nivel regional; el uso de herramientas como el U Report para conocer los comportamientos y las actitudes hacia el Zika durante la epidemia en América Latina, sus consecuencias reales y cómo prevenirlas. Con esta herramienta se realizó la línea de base y una evaluación de impacto que de otra forma hubiese requerido mucho tiempo y dinero.
Veamos algunos de los puntos clave a este respecto:

  • Las emergencias de salud pública presentan desafíos únicos para CCE/AAP: las organizaciones de apoyo a menudo enfrentan una falta de conocimiento, conciencia, actitudes y creencias que socavan los comportamientos saludables.
  • Es importante distinguir entre las diferentes audiencias y sus necesidades de información: el análisis de contexto y de género puede ayudar a determinar los mejores enfoques a utilizar para diferentes grupos.
  • También se debe considerar el punto de vista de los trabajadores de primera línea para que las intervenciones sean realistas y se adapten al contexto.
  • Las intervenciones de CCE, ya sean acciones directas o intercambio de información, deben probarse y validarse con las comunidades para verificar su pertinencia, relevancia, etc.
  • Las opiniones y comentarios de las comunidades son críticas para el monitoreo en tiempo real y la adaptación de las respuestas, ya que las epidemias de salud pueden evolucionar rápidamente.
  • La capacidad de movilizar rápidamente las capacidades locales para los componentes de CCE de una respuesta es un elemento crítico en la atención efectiva a las emergencias de salud.

DE LA PALABRA A LA ACCIÓN
A pesar de todos los referentes conceptuales y metodológicos, de las experiencias y de la evidencia que se ha ido consolidando sobre le importancia de la Comunicación y Participación Comunitaria y la Rendición de Cuentas a la Población Afectada, aún existe una distancia entre estas apuestas y la realidad de las acciones en comunicación en el ámbito de las crisis humanitarias.

  1. Retos en sistematización y evaluación. En general, la extensa historia y experiencia en comunicación y participación comunitaria no se ha capturado ni compartido sistemáticamente dentro de los países o la región. No hay importantes avances en generación de lecciones aprendidas, buenas prácticas o evaluaciones de las intervenciones. Esto hace que las organizaciones dupliquen esfuerzos, pierdan tiempo y recursos y no integren sistemáticamente los aprendizajes en las acciones humanitarias. Y al mismo tiempo, que prácticas buenas o innovadoras de la región no se difundan suficientemente y alimenten la tensión de otras crisis.
  2. Falta de articulación con las discusiones globales. La región ha estado algo aislada de las discusiones más amplias en el sector y los desarrollos recientes en torno a la AAP, como la Norma Humanitaria EsencialEl Gran Pacto o experiencias exitosas en torno a plataformas y enfoques colectivos de CCE como en Nepal o el Congo. Como resultado, hay una falta de entendimiento común de AAP y de cómo esta se relaciona con las prácticas existentes de CCE y C4D en la! región.
  3. Retos en coordinación. Si bien se han aplicado diversos enfoques colectivos de comunicación y participación comunitaria durante las crisis y en la preparación previa; si bien existe un acuerdo en que tales actividades resultan en un mejor uso de los recursos de los aliados, mejoran la coordinación y desarrollan capacidades locales, rara vez se ejecutan sistemáticamente en las estructuras de coordinación humanitaria existentes.
  4. Retos en generación de capacidades institucionales. El fortalecimiento de las capacidades en CCE y AAP de los funcionarios y decisores de las entidades del Estado, sigue siendo un reto, aunque la capacitación, tanto de quienes toman las decisiones, como de quienes implementan las intervenciones, puede generar una cultura que tenga más en cuenta a las comunidades en situaciones de crisis humanitarias.
  5. Existen resistencias internas a nivel institucional como la percepción general de que CCE y AAP no están directamente relacionados con el trabajo de salvamento en una emergencia o que son especializaciones técnicas independientes o separadas de las áreas de programación tradicional.
  6. Falta de financiación y recursos. Persisten las dificultades para incluir las actividades de CCE y AAP en los planes y presupuestos, especialmente cuando se priorizan las actividades de “salvar vidas”. Las políticas y prioridades de los donantes aun no reconocen plenamente, la importancia de CCE y AAP.
  7. Restricciones por el contexto de la crisis. En la atención de las crisis, el tiempo para consultar y colaborar con las comunidades es limitado, por las urgencias del proyecto; se presentan dificultades de acceso a las comunidades debido a barreras físicas, problemas de salud y seguridad o desplazamiento de la población afectada; y existe daño físico de la infraestructura de comunicaciones, todo lo cual limita las posibilidades.
  8. Modelos obsoletos de comunicación y compromiso con la comunidad. El predominio del modelo tradicional de comunicación vertical, donde las comunidades son vistas como víctimas sin ningún conocimiento o capacidad local, es una limitación a la implementación de enfoques de CCE y AAP.

Estas situaciones nos llevan entonces a preguntarnos:
¿De qué manera se pueden poner en práctica estos principios y requisitos (Comunicación y Participación Comunitaria y Rendición de Cuentas a la Población Afectada) para alcanzar respuestas efectivas ante desastres?
¿Cuáles serían las claves para involucrar en el uso de Comunicación y Participación Comunitaria y Rendición de Cuentas a la Población Afectada, tanto a los funcionarios que toman las decisiones, como a quienes son responsables de la aplicación de procesos de comunicación en respuesta a desastres?
RECURSOS ADICIONALES DE CONSULTA
1. Documento de política – Este documento, elaborado por CDAC Network, ratifica la necesidad de establecer enfoques colectivos de comunicación y participación comunitaria, a escala nacional y mundial, que cuenten con un apoyo significativo en todo el sector humanitario. También esboza diferentes ejemplos de buenas prácticas y lecciones aprendidas de las iniciativas de múltiples organismos, incluidas la adopción de plataformas colectivas en una amplia gama de contextos, la implementación de actividades de preparación, la elaboración de directrices y la utilización de plantillas y formatos estandarizados para recolectar comentarios.
2. Humanitarian Exchange No. 74. Edición especial: Comunicación y Participación Comunitaria en Respuestas Humanitarias – Humanitarian Exchange es una publicación del Humanitarian Practice Network del Overseas Development Institute en Gran Bretaña. Este centro de pensamiento sobre desarrollo y respuesta humanitaria, coeditó con UNICEF esta edición especial, centrada en Comunicación y Participación Comunitaria (CCE). Son trece artículos que recogen diversos temas y muestran los esfuerzos para implementar esta iniciativa.
***Elaborado por Jair Vega, Juana Marulanda, Adelaida Trujillo y Warren Feek.
Envíe información para el Son de Tambora a: Juana Marulanda – Directora Editorial – jmarulanda@comminit.com

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