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Elecciones en Francia 2017: el fin del “political correctness”
Las elecciones del domingo pasado en Francia fueron inéditas por muchas razones. Fueron distintas a otras tanto por sus implicaciones políticas como por la precisión en las mediciones preelectorales. Para efectos prácticos los dos partidos históricos tradicionales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: los socialistas y los conservadores, desaparecieron. El ganador fue un candidato sin partido, por lo tanto sin miembros en el parlamento para apoyarlo. Éste, al parecer, será un tema de gobernabilidad.

Como sucede frecuentemente con los medios de comunicación, estos sólo observan el resultado más reciente pero olvidan el pasado. Hace quince años, en 2002, Francia tuvo una de las mediciones más imprecisas, hasta ese momento, de primera vuelta. Nadie pensó que Le Pen, en aquel momento candidato de la ultra derecha, padre de la actual candidata del mismo partido, pudiera pasar a segunda vuelta. Sin embargo así sucedió.

A diferencia de lo que ha pasado en otras elecciones o consultas recientes, las encuestas preelectorales sobre las preferencias electorales de los franceses fueron muy cercanas a los resultados finales. Si lo vemos, en sí mismo es un evento que merece explicación.

Podríamos argumentar que la precisión está en el método. En Francia, las consultoras hacen uso de los registros previos de encuestas electorales, donde los encuestadores preguntan a los votantes cómo fue su voto en las dos últimas elecciones. Estos registros son utilizados como información útil para realizar los modelos de estimación y reducir la varianza, esta variable pesa tanto como la identidad partidista en las elecciones de Estados Unidos, y hoy demuestra que es importante para hacer cálculos precisos.

Sin embargo, los métodos de los franceses no son sustancialmente distintos a los que utilizamos en el resto del mundo. Si es así, la explicación debería estar en otro lugar. Por lo pronto, hasta donde sabemos, dependió de tres elementos: niveles de participación, la segunda vuelta como mecanismo de elección y la preferencia electoral expresado como algo socialmente aceptable.

En lo que se refiere a los niveles de participación hay que decir que cuando cuatro de cada cinco electores votan es más probable ser preciso que cuando votan tres de diez o seis de diez, como sucede en otras democracias. Los niveles de participación de Francia suelen ser más altos y eso da mayor precisión. Este es un argumento de Patricio Navia, politólogo chileno, quien cree que si tuviéramos voto obligatorio en México seriamos más precisos. Como sucede en otros países como Bolivia, Argentina o Perú, donde el voto es obligatorio.

La segunda vuelta como mecanismo de elección quita presión sobre los electorados. Una de las razones por la cuales la población oculta su preferencia puede ser por estar presionada o estresada. Cuando hay segunda vuelta se sabe que hay una segunda oportunidad y no todo se define en un solo proceso electoral.

La tercera causa es más delicada. Claire Durand académica canadiense de la Universidad de Montreal, presidenta de WAPOR (World Association for Public Opinión Research) la organización de opinión pública más importante del mundo, considera que hoy día los franceses tienen menos temor a reconocer que son racistas o xenófobos. A diferencia de 2002, ahora pueden decir explícitamente que votarán por la ultra derecha francesa, el sector político que suele ser subestimado. De hecho para esta elección se le sobreestimó.

De acuerdo con las encuestas preelectorales publicadas en Francia, la candidata Le Pen disminuyó su intención de voto a partir de abril de 2017, mientras que Macron registró un repunte en marzo de este año. Por su parte, el candidato Fillon si bien inició la contienda en el segundo lugar de las preferencias, disminuyó sus porcentajes, y a partir de febrero descendió al tercer sitio.

El registro de encuestas preelectorales sirve para entender la elección, diferentes hechos tuvieron un impacto en la contienda en Francia; tal como ocurre en otros procesos electorales, los escándalos de corrupción se hicieron presentes. El candidato François Fillon fue acusado de hacer uso de fondos públicos y nepotismo, lo que posiblemente influyó en las preferencias de los electores franceses, este descenso fue registrado en las encuestas previas.

En el caso del candidato Emmanuel Macron, las encuestas ya preveían que pasaría a la segunda ronda como favorito para ganar la contienda. Macron representa un movimiento de reciente creación –apenas un año-. La ideología de En Marcha, es pro unión europea y se presenta como una respuesta a los movimientos separatistas, a los resultados del Brexit y a los discursos de los otros candidatos franceses que hablan de la retirada de Francia de la UE.

En lugar de culpar al euro de los males de la economía y retomar el discurso de abandonar la Unión Europea, Macron habló siempre durante su campaña de las ventas y responsabilidades de la moneda, de la actuación y papel de Francia en el acuerdo con las otras naciones. Argumentos que parecen fueron tomados en cuenta por los electores franceses.

En cuanto a la candidata Marine Le Pen, se puede observar cómo su preferencia empezó a disminuir paulatinamente, esto tuvo una relación importante con la radicalización de sus propuestas y discursos -sobre todo en el tema de la migración-. No es un evento fortuito que un día después de las elecciones, Le Pen haya renunciado temporalmente al liderazgo del Frente Nacional, ya que dicho partido tiene antecedentes de acciones intolerantes y violencia, esto como una acción de cara a la segunda vuelta. La candidata quiere separarse de la organización y conseguir electores.

En conclusión, es probable que más allá delmétodo, el éxito francés de sus mediciones preelectorales tenga que ver con sus niveles de participación y con la libertad de opinar sobre temas que antes parecían políticamente incorrectos. Hoy la ultra derecha francesa tiene espacio, y al parecer tiene ánimo para expresarse.

Artículo publicado en Milenio el 30 de abril de 2017

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