12,919 Ramiro Tovar Landa, ¿Tenemos agentes disruptivos en telecom y radiodifusión desde la reforma?

¿Tenemos agentes disruptivos en telecom y radiodifusión desde la reforma?

Ramiro Tovar Landa
Consultor independiente en regulación y competencia económica

Diversos editorialistas, ejecutivos de empresas y funcionarios públicos han utilizado el término “disruptivo” para denominar el efecto esperado de la entrada de nuevos operadores o de proyectos privados y/o públicos en el sector de las telecomunicaciones; de hecho el término ha sido sobre utilizado. Es tiempo de preguntarse ¿qué es un efecto disruptivo? Y si desde la reforma en materia de telecomunicaciones y radiodifusión ha existido un efecto o un competidor que pueda considerarse “disruptivo”.

Para tratar de dar respuesta a lo anterior es necesario considerar qué debe considerarse como “disruptivo”. El concepto subyacente en la teoría de la disrupción fue desarrollado por Clayton M. Christensen, profesor de la Harvard Business School.[1] Tal teoría establece que un efecto disruptivo es aquel que aunque las empresas continúen con un conjunto de estrategias que hasta cierto momento había sido óptimas o redituables, ante cierta innovación, competidor o factor externo, éstas dejan de ser las estrategias correctas y su persistencia puede terminar incluso con la viabilidad de la empresa.

Un efecto disruptivo es lo más cercano a la “destrucción creativa” que mencionaba Joseph Schumpeter al referirse a la temporalidad de las posiciones dominantes en los mercados y al efecto de la innovación sobre el status quo en los mismos. Por ello, el efecto disruptivo surge cuando empresas o modelos de negocio hasta ahora exitosos dejan de serlo ante el ritmo del cambio tecnológico materializado por nuevos y/o inesperados competidores.

El riesgo surge cuando las empresas, hasta cierto momento, continúan con las mismas estrategias que han estado considerando como exitosas hasta que es demasiado tarde. Por lo tanto, el cambio de estrategia y la oportunidad de dicho cambio son cruciales para enfrentar el efecto disruptivo que se haya presentado en el mercado.
La literatura menciona ejemplos tales como el declive de Blockbuster ante Netflix, Netscape ante Windows Explorer y cómo Polaroid y Kodak fracasaron en la transición a la fotografía digital. Se afirma con frecuencia que sólo los nuevos competidores pueden tener un efecto disruptivo; sin embargo, no lo es necesariamente: las empresas incumbentes pueden mantenerse en el mercado con una asimilación y adaptación a los cambios que exigen las nuevas condiciones de competencia, de tal manera que los factores disruptivos sean oportunidades de evolución.

Típicamente, los efectos disruptivos provienen del cambio tecnológico en el mercado, pero en el caso del sector de las telecomunicaciones en México provino de la intervención regulatoria. La regulación asimétrica que surge del concepto de “preponderancia” hizo que los concesionarios, tanto el denominado “preponderante” como el resto, tuvieran que cambiar sus estrategias ante el nuevo entorno regulatorio.

Las decisiones de inversión que hasta entonces eran óptimas para el operador histórico o incumbente dejaron de serlo ante la carga regulatoria de la desagregación y de la gratuidad en el servicio de terminación de llamadas. De forma semejante, para el resto de los concesionarios el poder explotar la infraestructura pasiva y el circuito local del concesionario incumbente, así como gozar de la gratuidad del servicio de terminación, significó que sus decisiones de inversión tuvieran una alternativa de menor costo liberándoles recursos para otros fines.

Sin considerar el efecto disruptivo del cambio del entorno regulatorio, no se ha registrado a la fecha un competidor disruptivo en telecomunicaciones. En cambio, lo que sí se ha observado es un entorno de elevada rivalidad multidimensional entre operadores, es decir, un constante esfuerzo por diferenciar las características de los servicios que ofrecen en una interacción competitiva entre ellos, además de competir en precios. Lo anterior es consistente con un entorno de competencia efectiva entre las redes existentes. El concesionario considerado “preponderante” se ha reorganizado y ha elevado el nivel de “juego” en el mercado.

Disruptiva fue la entrada de Dish a la televisión restringida satelital, lo cual obligó a Sky a un cambio radical de estrategia comercial con un efecto evidentemente procompetitivo en el mercado y de difusión en la, hasta entonces, limitada población de usuarios con tal tipo de televisión de paga.

Disruptivo sería que a la red de Telmex se le permitiera ofrecer video como ha sido un hecho universal para todas las empresas telefónicas incumbentes. Tal evento sería disruptivo en el mercado de servicios de convergencia hasta ahora reservado a las redes basadas en cable coaxial. La entrada de una nueva plataforma de servicios convergentes obligaría necesariamente a un cambio en la estrategia que tanto las redes de Grupo Televisa como de Megacable mantienen en su oferta de servicios. No resisto la tentación se señalar el efecto global de Uber sobre los gremios del servicio de taxis alrededor del mundo como un ejemplo cercano.

Disruptiva ha sido la oferta de servicios Over the top o de streaming ante la televisión abierta tradicional e incluso la restringida. Ha sido evidente la existencia de tales efectos ante las decisiones recientes de lanzamiento de servicios online y de aparentes “cambios” en la programación de Grupo Televisa. La presencia de efectos disruptivos en el mercado de contenidos televisivos es producto de los cambios de preferencia de las audiencias ante nuevos contenidos de video disponibles por Internet, incluso antes del inicio de transmisiones de nuevos concesionarios en televisión abierta.

Lo anterior se amplifica por los cambios generacionales. La población entre 15 y 35 años (millennials) es de cerca de 2.5 mil millones de personas globales y 86 por ciento de tal generación se ubica en los países emergentes. De acuerdo con Commscope,[2] dos tercios de dicha población consideran las redes sociales como su principal forma de comunicación social, dedican dos y media veces más tiempo recibiendo mensajes de redes sociales y dedican el doble de tiempo en plataformas de video streaming que cualesquiera otra población por segmento de edad.

Disruptiva ha sido la penetración de las redes sociales en las estrategias de los partidos políticos. Ahora necesariamente estos actores del quehacer público requieren de una estrategia de redes sociales y no sólo la movilización de sus militantes y la organización de sus actos proselitistas y eventos masivos.

No es posible tener competidores o cambios tecnológicos disruptivos en un entorno de competencia perfecta. En ausencia de rentas no puede existir innovación y es un contrasentido tener un entorno de competencia perfecta donde por definición prevalece unstatus quo y ningún agente económico es capaz de alterar en algún sentido el mercado y, por lo tanto, esperar la aparición de un agente que conlleve un efecto disruptivo.

No existen “precios disruptivos” toda vez que los precios son resultado de un mercado, y es en el mercado donde se dan tales efectos. Precios que hacen que las conductas típicas de los agentes económicos resulten equivocadas o erróneas sólo provienen de precios administrados por la autoridad reguladora y éstos nunca tendrán un efecto sostenible en el mercado.


[1] C.M. Christensen, “The Innovator’s Dilemma: When New Technologies Cause Great Firms to Fail”. Boston: Harvard Business Press, 1997.
[2] “Your network: now serving Millennials”, Commscope 2016.