18,071 Islas, O. Riesgos de la tuitocracia, El Universal, columna Proyecto Internet, 18 de enero de 2021.

Octavio Islas

2021 se perfila como un año complejo y agitado.

La primera turbulencia se registró el día seis de enero, cuando una violenta turba de seguidores del presidente Donald Trump tomó por asalto la sede del congreso de la Unión Americana, en Washington D.C, avergonzando hasta los más radicales representantes republicanos.

Las imágenes de los referidos hechos, difundidas en tiempo real a través de las principales plataformas digitales y medios de comunicación en el mundo, exhibieron la fragilidad de la democracia estadounidense, la cual enfrenta una aguda y delicada crisis. Su aparente excepcionalidad definitivamente ha sido desmitificada.

Tres días después, el 9 de enero, Twitter informó la decisión de suspender permanentemente la cuenta del primer mandatario de la Unión Americana.

Para justificar tan polémica decisión, Twitter destacó la necesidad de “impedir mayor incitación a la violencia”.

Otras redes sociodigitales como Facebook, Instagram, Snapchat, Twicht y YouTube siguieron el ejemplo de Twitter, aunque matizaron sus decisiones al solo suspender temporalmente las cuentas del presidente de Estados Unidos.

El lunes 11, Twitter además anunció el cierre de “más de 70,000 cuentas” vinculadas a Qanon, los promotores de una teoría conspiratoria que especula sobre las fuerzas dedicadas a debilitar la grandeza de Estados Unidos.

Debido a los frecuentes excesos, incluso antes de la celebración de los comicios presidenciales en la Unión Americana, efectuados el martes 3 de noviembre de 2020, miles de cuentas de usuarios vinculadas a Qanon ya habían sido objeto de bloqueos y cierres en Facebook.

Facebook además informó que estaba eliminando todo el contenido que menciona la expresión “Stop the Steal” -en castellano: “Paren el robo”-, mensaje clave que ha pregonado el presidente Trump para desacreditar los resultados que arrojaron los comicios presidenciales.

Las reacciones internacionales fueron inmediatas. Ángela Merkel, la canciller alemana, quien no precisamente se identifica con Trump, lamentó el proceder de Twitter por considerar que limita “el derecho fundamental a la libre expresión”.

En sentido similar se expresó Andrés Manuel López Obrador, presidente de México.

Alexei Navanly, un célebre activista ruso, calificó la decisión de Twitter como “un inaceptable acto de censura”.

Defensores de la libertad de expresión han destacado la gravedad de los riesgos que implica que determinadas plataformas tecnológicas, como Twitter o Facebook, determinen quién debe tener voz, presencia y visibilidad en el ciberespacio, y quién no.

Sin embargo, también debemos considerar que, desde hace algunos años, reconocidos expertos en Internet, como Tim Berners-Lee, sostienen que las redes sociodigitales han contribuido a polarizar a amplios sectores de la opinión pública.

Las redes sociodigitales se han convertido en un peligro para la democracia y nuestra calidad de vida digital, concluye la docuficción El dilema de las redes sociales, dirigida por Jeff Orlowski y escrita por Orlowski, Davis Coombe, y Vickie Curtis (Netflix, 2020).

Un día después del violento asalto al Capitolio, Elon Musk, quien de acuerdo con Forbes es el hombre más rico del mundo, apareció en escena para responsabilizar a Facebook de tan lamentables hechos.

El lunes 11, Musk, dueño de Tesla y SpaceX, quien no precisamente simpatiza con Mark Zuckerberg, recomendó abandonar WhatsApp y migrar a Signal como alternativa, en respuesta a los cambios en las políticas de WhattsApp, derivados de un ambicioso plan financiero en el imperio Zuckerberg, concebido para elevar la rentabilidad de la referida plataforma, a costa de mermar la privacidad de los usuarios.

De acuerdo con lo asentado el reporte Digital 2020, que la firma We are social Hootsuite dio a conocer en el mes de julio del año pasado, WhatsApp cuenta con 2,000 millones de usuarios en el mundo.

Sin embargo, en días recientes, millones de usuarios de WhatsApp han abandonado la mencionada plataforma.

El exodo les ha remitido a Signal o a Telegram, que reportó contar ya con 500 millones de usuarios activos en el mundo, cifra que supera, y por mucho, al total de usuarios de Twitter.

De acuerdo con el referido reporte de la firma We are social Hootsuite, Twitter fue ubicado en la décimo sexta posición entre las plataformas sociales con mayor número de usuarios en el mundo,

Twitter cuenta con 326 millones de usuarios y, se encuentra muy lejos de los 2,603 millones de usuarios que tiene Facebook. En Estados Unidos, el total de usuarios de Twitter ha sido estimado en 82 millones.

A pesar de que Twitter no figura entre las plataformas y medios sociales con el mayor número de usuarios en el mundo, su influencia en la opinión pùblica mundial es incuestionable. Ello la convierte en una de las principales redes sociodigitales en el mundo.

El miércoles 13, Jack Dorsey, cofundador y presidente ejecutivo de Twitter, sensible a la controversia que suscitó la decisión de suspender permanentemente la cuenta del actual primer mandatario de la Unión Americana, señaló que cerrar esa cuenta fue lo correcto, aunque establece un “precedente peligroso”.

A finales de los años noventa, Neil Postman, uno de los grandes referentes en la Ecología de los Medios -Media Ecology-, con notable anticipación advirtió la posibilidad de que un personaje con las brutales características de Donald Trump, pudiera llegar a la presidencia de Estados Unidos.

De los riesgos de la videocracia, analizados hace décadas por Sartori, pasamos a los problemas de la tuitocracia y, en general, de las redes sociodigitales.

Toda persona efectivamente tiene el derecho a participar en el debate de los asuntos públicos. Sin embargo, una importante asignatura pendiente en Internet y, en particular, en el imaginario de las redes sociodigitales, radica en la necesidad de asegurar una efectiva moderación de contenidos.

La alfabetización digital -tema ausente en las principales agendas digitales en no pocas naciones- representaría una efectiva apuesta para la eventual solución de algunos de los grandes problemas que nos traído las redes sociodigitales.

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