14,560 23 de marzo, Recuerdos de Lomas Taurinas.

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Conozco dos personas -Victor Manuel Noguez Arana y Juan Carlos Téllez- que estuvieron presentes en Lomas Taurinas el 23 de marzo de 1994.

Ese día fue asesinado Luis Donaldo Colosio.

También sé que el emotivodiscurso del 6 de marzo de 1994, en el Monumento a la Revolución fue escrito por los doctores Gastón Melo Medina y Jean Domette.

En el número 86 de Razón y Palabra, correspondiente al periodo abril-julio de 2004, Juan Carlos Téllez publicó un interesante texto sobre lo ocurrido en Lomas Taurinas. Recupero sus palabras y lo comparto con ustedes.

Recuerdos de Lomas Taurinas. A 20 años del asesinato del candidato presidencial del PRI.
Por Juan Carlos Tellez Mosqueda

Luis Donaldo Colosio Murrieta llegó al aeropuerto de Tijuana, Baja California, el 23 de marzo de 1994, alrededor de las 16:05. Descendió de un jet ejecutivo y se dirigió a saludar a una pequeña comitiva que lo esperaba, integrada por Juan Maldonado Pereda,
delegado del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), César Moreno Martínez de Escobar, senador y presidente del Comité Ejecutivo Estatal de
Baja California y el que escribe, Juan Carlos Téllez Mosqueda, director ejecutivo de Finanzas y Tesorería de la Coordinación General de la campaña, y atrás, múltiples simpatizantes.

Salimos por la puerta de servicio al lado del edificio del aeropuerto Abelardo L. Rodríguez y logré acompañar al candidato prácticamente hasta la puerta de su camioneta Blazer, sin problema. Allí identifiqué al general Domiro García Reyes, jefe de seguridad del Estado Mayor Presidencial, quien daba instrucciones para indicar quién y cómo se irían ubicados dentro de la camioneta. En la parte de adelante y al lado del chofer, se ubicó al candidato Colosio y atrás se subió Domiro, Maldonado y Moreno. En el momento en que se acomodaban, decidí irme en una camioneta que tenían dispuesta para seguir al candidato, para no perderlo y poder seguir fácilmente la comitiva. Para mi asombro, nos situamos atrás de su camioneta fácilmente, rumbo al primer evento previsto en Tijuana,en Lomas Taurinas.

Era la primera gira en que asistía. Se me había informado unos días antes a través de Fernando Solís Cámara, la indicación de Ernesto Zedillo, Coordinador General: de que tomara el control del financiamiento de todos los gastos y de que no permitiera que nadie más se involucrara en los pagos, y que estuviera muy atento. Por esa razón, estuve en Tijuana cuando sucedió el asesinato de Colosio.

Llegamos rápidamente a la entrada de la colonia Lomas Taurinas, donde se desarrollaría el evento. Era una tarde asoleada pero sin mucho calor. Al entrar a la calle, me percaté de que había una pendiente de terracería, por lo que decidí bajar del auto para
caminar y le indiqué al conductor, que se estacionara en la entrada principal, para salir rápidamente al final del evento junto con la comitiva. A unos cuantos metros, la camioneta que transportaba al candidato se detuvo, y él descendió para caminar. Me pude colocar atrás de él y caminar hacia abajo, tratando de proteger su flanco derecho por la parte de atrás. Llevaba una chamarra impecable de color claro, que lo hacía ver distinguido de manera informal. En la parte baja de la pendiente, las personas que se dirigían hacia el lugar del evento, se amontonaba cerca de él, y como sabía de sus indicaciones de evitar el exceso de seguridad y de que él quería estar cerca de la gente, traté de no despegarme de él.

Al terminar el camino de la pendiente, observé que íbamos a atravesar un canal abierto de desagüe, a través de un puente de madera sobrepuesto en muy malas condiciones por su frágil estructura; fue que tomé la decisión de pararme en seco y
detenerme por seguridad de las personas, tenía la duda de que el puente pudiera resistir cuando pasaran al mismo tiempo con el candidato.

La única vez que vi a Colosio durante la campaña fue a principios de diciembre de 1993, en las oficinas del CEN del PRI, que se habían dispuesto para él. Salió a saludar brevemente a Zedillo y al equipo financiero, nos dijo un comentario breve: deseaba ganar
con contundencia, legitimidad y cumpliendo el tope de gasto. Este tope se había establecido recientemente, por primera vez en la historia de las campañas políticas en México, derivado del nuevo marco legal electoral, conocido como COFIPE. La siguiente
vez que supe de él, de manera cercana, fue en una reunión de trabajo, cuando habló por teléfono a las oficinas de la campaña, ubicadas en un edificio moderno en el sur de la Ciudad de México, en Cuicuilco. Recuerdo bien, que el coordinador de la campaña recibió la instrucción de reducir el tope legal de gasto, en virtud de que se había acordado con la oposición, en una negociación política como consecuencia del levantamiento armado de los zapatistas.

El candidato se encaminó a emitir su discurso hacia un estrado improvisado instalado en una camioneta pick up del lado contrario del puente. Esperé a que la mayoría de simpatizantes pasaran del otro lado y mientras tanto, noté la existencia de varios
hombres vestidos de negro, con ropa similar tipo uniforme de seguridad, apostados a los lados pasando el puente. Me atravesé y empecé a caminar para tratar de averiguar quiénes eran, observé que eran jóvenes y al parecer sin armas. Al terminar el discurso, decidí adelantarme y atravesar el puente, mientras tanto escuché que ponían la canción de la Culebra, camine hasta una vendedora con un tambo de elotes y me detuve, posteriormente regresé por la pendiente y vi la hora en mi reloj: 17:05 hora de Tijuana.

Al levantar la cara, vi que cerca del puente había mucho movimiento de hombres corriendo. Arrojé el elote y aceleré el paso, de repente me encontré de frente con el equipo
de seguridad y observé cómo cargaban a Colosio de los pies y manos, para subirlo por la puerta trasera de una camioneta, pero con sangre en el torso de un disparo y una herida en la cabeza muy llamativa. Por cierto, en otra camioneta, me percaté como subían al responsable del atentado, que también pasó frente de mí, rodeado del equipo de seguridad.

Sentí un gran impulso de avisar a la campaña y correr hacia el auto. Me comuniqué a las 17:07 a las oficinas de la Sub-coordinación de Administración, y su responsable, que estaba en una reunión con el Subsecretario de Propaganda, al escuchar lo sucedido, me enlazó en conferencia con Zedillo. Le informé que Colosio había recibido un tiro en el torso y al parecer un golpe en la cabeza, lo que a la postre sabría que había sido otro tiro.
Escuché sus gritos de desesperación y dolor: ¡no, no, no!. Los que estaban oyendo la conversación le decían que se calmara y que subirían a su oficina. Les dije que lo seguiría al hospital y que informaría. Si no mal recuerdo, Salinas comenta en sus memorias que él fue informado a las 19:30 (17:30 hora Tijuana) después de un evento.

Corrí para subirme al auto y lograr alcanzar la camioneta del candidato herido, prácticamente salí atrás de él, porque lo movieron a una ambulancia. Seguí su trayectoria, y nos dirigimos hacia un hospital, Hospital General del IMSS, al lado del río. No recuerdo en qué momento pasamos cerca de las oficinas de la PGR, pero la calle había sido bloquea por personal de seguridad.

Por unos instantes pensé seguir a la camioneta donde llevan al detenido, pero preferí seguir al candidato. Comencé hablar a mis colaboradores de campaña para que trataran de conseguir un helicóptero para trasladar a Colosio en dado caso, incluso a San Diego.

Llegué al hospital y baje corriendo hasta la entrada de urgencias para saber del estado de salud, pero por prudencia decidí ir las oficinas de la dirección general del hospital. De un momento a otro, todos los teléfonos de esa oficina estaban siendo utilizados para informar lo que estaba sucediendo. Recuerdo que pedí un teléfono fijo, y me llegaron a preguntar para qué, y me comentaron que ya estaban hablando con todos con los que se tenía que hablar, le dije con firmeza que necesitaba informar al Dr. Zedillo lo que estaba sucediendo, y me metí a la oficina del director general para conseguir una línea abierta de manera permanente. Establecí contacto con él y le empecé a informar lo poco que sabía del candidato, entre otros aspectos que no había sido un golpe en la cabeza, sino un balazo. Zedillo no tardó en encontrar otra línea más cercana a los quirófanos, al parecer con Liévano Sáenz, y yo proseguí comentando la poca información que se generaba a Solís Cámara. Para conseguir más información, salí de la oficina, y pase por un telefax donde estaba Amador Rodríguez y a unos metros José Murat, me di cuenta que se estaba recibiendo un fax en el que se impulsaba como nuevo candidato presidencial a Fernando Ortiz Arana, quien era el presidente del PRI.

Ya era de noche en Tijuana, cerca de las 20:00, diez de la noche del Centro, cuando Liébano Sáenz, secretario de Propaganda del CEN del PRI, dio a conocer en el hospital oficialmente la muerte de Colosio. Más noche me enteré por personas de la campaña que el presidente Carlos Salinas mandó llamar a todo su gabinete, y al coordinador de la campaña, al no llegar, le insistieron que fuera y fue el último en llegar. Según me informó el Subcoordinador de Administración, Zedillo había comentado que le dijo molesto a Salinas, que la muerte de Colosio había sido una consecuencia del clima político que había propiciado.

Posteriormente me enteré que se decidió trasladar su cuerpo a la Ciudad de México en la madrugada para ser velado en Gayosso, y al día siguiente supe que Manuel Camacho fue a la funeraria y que intentaría permanecer en la funeraria, sin mucho éxito.

Me traslade a la Ciudad de México al día siguiente, y al llegar, empecé a operar el alquiler de tres aviones charter para trasladar a las personas cercanas y al equipo de campaña a Hermosillo, Sonora, para el entierro en Magdalena de Quino el 25 de marzo de 1994. Durante el viaje en carro de ida y vuelta a Magdalena, fue notorio el traslado de los helicópteros Puma en dos ocasiones, la primera vez transportaban a Salinas de ida y vuelta, y la segunda, para llevar de regreso a Zedillo hacia Hermosillo a una reunión urgente con Salinas, y otras personas más.

A 20 años del trágico suceso que cambió al país, me cuestiono si la cadena de eventos que sucedieron se pudieron evitar. Por cierto, ahora caigo en cuenta que en las investigaciones realizadas nadie me llamó a declarar.

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