13,993 Islas, O. Claroscuros en firmas tecnológicas. El Universal, Tech Bit, columna Proyecto Internet, 23 de agosto, 2019.

En 2017, en una de las reuniones del Foro Económico Mundial en Davos, Oxfam, una confederación internacional de organizaciones para la cooperación y el desarrollo, denunció que ocho personas en el planeta poseen una riqueza equivalente a la “fortuna” de la mitad más pobre.

Internet efectivamente podría contribuir a crear un mundo mucho más justo e igualitario. De la programación, como juego reservado a los más destacados nerds, derivó un formidable negocio. En la Economía del Conocimiento, los datos se convirtieron en el nuevo petróleo.

Sillicon Valley rápidamente se apartó de las utopías que le dieron origen, convirtiéndose en zona de privilegios y confort, fábrica de supermillonarios. En Estados Unidos más del 40 por ciento del capital de riesgo tiene como destino Sillicon Valley.

Internet y las redes sociales han establecido un nuevo orden informativo mundial. La disolución de los viejos imperios mediáticos parece un proceso irreversible. Sin embargo, las grandes firmas de Internet han instaurado un nuevo y complejo sistema de monopolios, los cuales sistemáticamente obstruyen el advenimiento de nuevos competidores.

De facto, hoy disponemos de un solo motor de búsqueda (Google), una sola red social (Facebook) -la cual además se ha adueñado de WhatsApp, el principal servicio de mensajería y telefonía y voz sobre el protocolo de Internet (VOIP)-, un único servicio de canales de video (YouTube), un solo servicio de mensajes breves (Twitter), un solo centro comercial virtual (Amazon), y tres proveedores de sistemas operativos (Microsoft, Apple y Google).

Tres de las firmas emblemáticas de la Economía del Conocimiento -Apple, Amazon y Google- hoy son consideradas las marcas más valiosas en el mundo, según los estudios realizados por Forbes, Interbrand y Kantar Millward Brown.

En 2018, Apple y Amazon superaron el billón de dólares en la bolsa. Las ganancias de esas marcas rebasan el producto interno bruto de no pocas naciones en el mundo desarrollado.

El presupuesto que Google, Apple o Amazon destinan a investigación, supera por mucho el presupuesto que pueden destinar a investigación una gran cantidad de naciones en el mundo desarrollado, Alemania, por ejemplo,

Además, las grandes firmas de la Economía del Conocimiento disponen de una posición privilegiada para aprovechar toda la innovación y la creatividad que no generan, asimilando con gran facilidad a nuevas firmas innovadoras, como WhatsApp, Nest o Deep Mind.

Todo ello les permite extender sus operaciones a nuevas y atractivas áreas de negocio, como el desarrollo de vehículos autónomos, la exploración del espacio, drones, inteligencia artificial (IA), etc.

A pesar de su acentuada vocación futurista, los gigantes de internet son sumamente peculiares en el cumplimiento de sus obligaciones fiscales, y acostumbran eludir el pago de sus impuestos, domiciliando sus beneficios a conveniencia. Mediante una sofisticada ingeniería fiscal, en cada uno de los países donde operan aseguran pagar la mínima cantidad de impuestos posibles.

En la próxima cumbre del G7, que será celebrada en Biarritz, a partir del 24 y hasta el 26 de agosto, Francia pretende extender en la Unión Europea el llamado “impuesto GAFA” (debido a las iniciales de Google, Amazon, Facebook y Apple). Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha prometido tomar represalias contra el impuesto que pretende impulsar el gobierno francés.

Francia, que ocupa la presidencia del G7 hasta el 31 de diciembre, también pretende ganar el apoyo necesario en la cumbre del G-7 para frenar la criptomoneda que pretende introducir Mark Zuckerberg.

En México contamos con un anquilosado sistema de recaudación fiscal. Para colmo, por razones fundamentalmente políticas, no pocos magnates, deportistas, celebridades y hasta ex presidentes han gozado de excepciones fiscales, como las grandes firmas de Internet. Esperamos la cumbre del G7 dé positivos resultados y pueda convertirse en obligado ejemplo a seguir.

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