13,903 Octavio, casos de la vida real 1.

Tendría 12 años. 
 
Asistí a una fiesta en el jardín de la casa de Pablo, un vecino que vivía en la calle de Tajín, en la tres veces H Colonia Narvarte. Fue mi primera fiesta.
 
La fiesta fue organizada por su generación Pablo, para recaudar fondos para su graduación.
Si no mal recuerdo, el padre de Pablo era profesor en alguna preparatoria oficial. Me parece que la 4 o la 6.
En la fiesta abundaban los alumnos de prepa. 
Yo apenas había terminado la primaria…
 
Por obvias razones, la fiesta me resultaba aburrida.
Recuerdo que me habían acompañado algunos amigos. Sin embargo, me sentía solo, fuera de lugar.
A veces, cuando hay mucha gente, uno se siente solo.
Así me sentía yo.
 
Entre los amigos que habían ido conmigo,a mi primera fiesta, recuerdo a César, quien vivía enfrente de mi casa, en el número 286. 
Yo, vivía en el 289. 
César estaba tan aburrido como yo. Sin embargo, él lo disimulaba mucho mejor.
 
El aburrimiento a veces se compensa con un juego de miradas,
Por alguna razón percibí a una muchacha gordita -así la recuerdo-, quien por supuesto era mayor que yo. 
Cinco o seis años. No lo sé.
Eran muchos.
Además de la edad, también me desbordaba su estatura.
Y mucho…
 
Fijé mi mirada en ella porque me había percatado que se sentía tan fuera de lugar como yo.
Nadie le hablaba. 
Ninguno la invitaba a bailar.
 
Entonces empezó a sonar “Me and Mrs Jones”, una rola de Billy Paul-.
 
No sé la razón por la que decidí invitarla a bailar. 
Ella aceptó.
En un momento nos identificamos. 
Ya no nos sentíamos solos, ajenos a la fiesta, al lugar, a la gente.
Nos entendimos. 
No había mucho que decir.
No quise besarla.
Bailamos.
Por lo menos, así lo intenté.
-Siempre he sido muy torpe al bailar-
 
La canción me pareció eterna.
La disfrute.
La abracé con ternura.
 
Hoy reparo en el hecho de que nunca supe su nombre.
No le pregunté cómo se llamaba.
Lamento mucho no haberle preguntado.
 
Hoy en casa, en Quito, a miles de kilòmetros de la colonia Narvarte, nuevamente escuché Me and Mrs Jones”. 
 
Por supuesto recordé la primera canción que bailé, torpe y tembloroso, con una muchacha a la que ni siquiera me atreví a preguntar su nombre, y que, sin embargo, recuerdo con profundo cariño.

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