13,429 La Edad de la Televisión, homenaje a John Logie Baird

La Edad de la Televisión (en homenaje a John Logie Baird).
 
En el II Encuentro Mundial de la Comunicación. La edad de la Televisión, acto organizado por Televisa en julio de 1979, en Acapulco, Guerrero, Wilbur Schramm, reconocido comunicólogo estadounidense –con quien no precisamente simpatizaba Marshall McLuhan-, ofreció este emotivo discurso sobre la primera transmisión de televisión, realizada por John Logie Baird, ingeniero y físico británico, inventor del primer sistema e televisión pública, así como del primer tubo de televisión en color:
 
“Vamos a hablar de la Edad de la Televisión (…) En 1904, en Inglaterra, un ingeniero llamado Midford hizo un diseño de televisión que hubiera funcionado su hubieran podido fabricar los tubos. Luego vinieron Farnsworth y Lee De Forest (…) Sucedió en Inglaterra, un martes 26 de enero de 1926. Los principales invitados pertenecían a la “Royal Society”: los grandes hombres de ciencia del país. Voy a leerles lo que ocurrió aquella noche: Era una fría noche de enero y los miembros de la Institución Real llegaron por parejas o de tres en tres. Al salir de la demostración, sus observaciones, por lo que pude oír, eran del tenor esperado. Algunos decían no era nada digno de consideración, otros pensaban que era algo que un joven hacía aunque realmente no sabía a ciencia cierta qué estaba haciendo. Sólo unos pocos pensaron que podía ser algo interesante, a nadie se le ocurrió que este pudiera ser el nacimiento de un nuevo medio, algo que tendría más efecto en nuestra vida que ninguna otra cosa desde la invención del automóvil” Y seguía diciendo: “La imagen recibida era burda pero reconocible, como un rostro o un florero con flores, un librero abierto o cerrado o cualquier otra cosa simple de uso diario. La imagen recibida era de color rosado y tendía a oscilar de arriba abajo. No era posible ver gran cosa del aparato que estaba cubierto”. Al día siguiente el periódico The London Times publicó esta reseña: “Era un gran disco giratorio de madera que contenía lentes tras los cuales había un obturador giratorio y una celda fotosensible. La cabeza de un muñeco de ventrílocuo era manipulada como imagen que se transmitía, aunque también se reproducía un rostro humano, primero, en un receptor en la misma habitación que el transmisor, y luego, en un receptor portátil en otra habitación. Se mostró a los visitantes una recepción reconocible de los movimientos del muñeco y de la persona que hablada y la imagen, en la transmisión, era débil y a menudo borrosa pero aún así, confirmó que el televisor, como lo llama el Sr. Baird, puede transmitir y reproducir instantáneamente los detalles de movimiento y cosas tales como las distintas expresiones de un rostro” (Televisa 1979: 14).