13,328 Octavio Islas, #19S, El Universal, Tech Bit, Columna Proyecto Internet, 23 de septiembre 2017.

#19S

Octavio Islas

El 19 de septiembre de 1985 marcó un doloroso parteaguas en la historia de los años recientes. Un terremoto registrado a las 07:17:47 hora local, que alcanzó una magnitud de 8.1 (MW), sacudió a la Ciudad de México. ​

Ante la magnitud de la tragedia, el presidente Miguel de la Madrid Hurtado optó por refugiarse en su closet. La sociedad civil se vio en la necesidad de autoorganizarse. Así, durante algunos días asumió de facto el poder y emprendió las principales tareas de salvamento y rescate. Carlos Monsiváis atinadamente destacó: “La experiencia del terremoto le dio al término sociedad civil una credibilidad inesperada”.

En esos amargos instantes, las primeras noticias sobre la magnitud de la catástrofe fueron proporcionadas por la radio –el “gran tambor tribal”, de acuerdo con Marshall McLuhan-. Una gran parte de la Ciudad de México quedó sin luz y Televisa permaneció cinco horas fuera del aire al derrumbarse las instalaciones de avenida Chapultepec 18.

En esas horas de profundo dolor e incertidumbre, las estaciones de amplitud modulada (AM) realizaron importantísimas funciones de vinculación y enlace ciudadano. Es posible afirmar que de la conmoción generalizada surgieron una radio y una ciudad cualitativamente distintas.

Apenas el pasado 8 de septiembre se registró un fuerte terremoto -de 8.2 grados de magnitud en la escala de Richter- y su epicentro fue ubicado en Tonalá, Chiapas.

Ese sismo exhibió las evidentes limitaciones de la Coordinación de la Estrategia Digital Nacional (EDN), que entre sus muchas asignaturas pendientes destaca la necesidad de poder resultar mínimamente útil a la ciudadanía en situaciones de emergencia y desastre –ello además de las pertinentes recomendaciones que recientemente recibió de la OCDE-.

También exhibió el miserable egoísmo de los 500 diputados federales, quienes acordaron donar la fabulosa suma de un día de su salario a damnificados en Chiapas y Oaxaca, sumando un total de 8 millones de pesos.

El  martes 19 de septiembre, 32 años después del macabro sismo de 1985, a las 13:14 horas, otro terremoto sacudió a la Ciudad de México.  Se estima que 4,5 millones de personas fueron afectadas por la interrupción en el suministro de energía eléctrica.

Ante las dilaciones burocráticas –por elemental realismo deberíamos cambiar aquella frase de “un soldado en cada hijo te dio” por “un burócrata en cada hijo te dio”-  de nueva cuenta irrumpió una decidida sociedad civil –la sociedad civil 2.0-, que además de recurrir a la pala, el pico, el tapabocas en las acciones de escate y salvamento, incorporó inteligentemente el uso de sus dispositivos digitales en las operaciones de salvamento y rescate.

Las acartonadas cadenas de televisión abierta fueron muy rebasadas por las redes sociales –esas que tanto usan los estúpidos-, como afirman algunos arrogantes intelectuales, tan miopes, tan ajenos a la realidad, tan acentuadamente análogos.

La utilidad de Facebook, Google y Twitter en situaciones de emergencia y desastre ha sido demostrada en no pocas ocasiones. Por medio de las redes sociales y a través de dispositivos móviles, principalmente, los brigadistas reconocieron mejores formas para poder auto organizarse, solicitar y canalizar la ayuda donde más se necesitaba.

Sensibles a la tragedia, AT&T, Telmex y Movistar comunicaron a sus usuarios a través de Twitter que liberaron sus servicios de mensajes de texto, llamadas, datos y sitios WiFi en apoyo a la población afectada por el sismo.

En los días recientes, la palabra solidaridad -ese término que tanto degradó el salinato- recuperó todo su significado gracias a las numerosas muestras de épica ciudadana a cargo de cada una de las personas que participaron en las tareas de ayuda y rescate, bomberos, policía, ejército y grupos de protección civil incluidos.