13,078 México, Parametría, ¿Es el “gasolinazo” la motivación?

¿Es el “gasolinazo” la motivación?
Francisco Abundis Luna

Parece más que evidente que el sentimiento de enojo y frustración es lo que motiva las protestas de los últimos días en el país. El incremento en el precio de la gasolina es una buena razón en sí misma. Sin embargo, más que el evento en sí por el cual protestar, parece una buena excusa para expresar una serie de agravios que los ciudadanos no han podido manifestar durante mucho tiempo.

Es más bien frustración acumulada. No es necesariamente el “gasolinazo” la motivación principal. A juzgar por las mediciones de evaluación de esta administración el malestar empezó pronto, en diciembre de 2013, luego de la Reforma Fiscal y se fue pronunciando durante 2014, 2015 y 2016.

Diciembre de 2013 es el momento en que la desaprobación presidencial rebasa a la aprobación para la serie de Parametría como para la mayor parte de las series nacionales. Durante 2014, se observa un vaivén entre las curvas de aprobación y desaprobación en el que para efectos prácticos se observa un porcentaje similar entre los que aprueban y desaprueban.

Sin embargo, al final de 2014 o para ser más precisos en el otoño de 2014, los escándalos de la “Casa Blanca” y Ayotzinapa afectan directamente los niveles de aprobación presidencial y se registra una clara caída. Durante 2015 los niveles de desacuerdo con la gestión presidencial sólo se pronuncian y acentúan. Prácticamente durante todo 2015, no para la caída de la aprobación.

Durante 2016 los resultados de las elecciones a gobernador hacen más que evidente que la inconformidad que se veía a nivel federal alcanza también el nivel local. En 2015 la corrupción se convierte en el tema electoral fundamental. La crítica asocia los casos de corrupción a nivel local con los cuestionamientos a nivel federal. Casos como el de Veracruz resultan emblemáticos.

Siguen bajando los niveles de aprobación presidencial durante 2016 hasta llegar a 20 por ciento. Al observar estas tendencias parece casi natural que en algún momento las expresiones que estamos observado en enero de 2017 llegarían. No necesariamente tenían que estar asociadas a un evento en particular, pero este resultó ciertamente un activador más que justificado.

Tal vez a esta frustración hay que agregar un elemento de comunicación social errática o poco sensible en la percepción de los ciudadanos por parte de la Presidencia de la República. Ese en sí mismo es un elemento a analizar. A juzgar por las columnas de prensa nacional, sin duda podría haber contribuido a generar mayor molestar entre la ciudadanía.

Independientemente de la mecánica, de la convocatoria, de los responsables, o de las motivaciones de los manifestantes y saqueadores, lo cierto es que el promedio del ciudadano simpatiza con las protestas. No por ello acepta los saqueos. Cómo tampoco está dispuesto a aceptar el uso de la violencia para resolver el conflicto.

Estos porcentajes reportados por el diario Reforma por Lorena Becerra el lunes pasado en una encuesta telefónica de 500 casos, son muy similares a los registrados en otras protestas. Similares a los niveles de apoyo o rechazo de la Reforma Energética o la Reforma Educativa. No obstante para ser una medición telefónica, es muy similar a los resultados de encuestas realizadas en vivienda por Parametría.

Si bien la clase política o las instituciones en su conjunto son cuestionadas, el gobierno federal se considera el principal responsable de los incrementos. No es nuevo como elemento de percepción pública. Tampoco lo es, el que el ciudadano promedio pensara que con la Reforma Energética se iba a disparar el precio de la gasolina.

Sin embargo, hay nuevos elementos en esta protesta. Uno en particular llama la atención. Uno que podríamos llamar de desconcierto o incomprensión. Con ello no quiero decir que la población tuviera porque entender lo que sucede y por ello lo aceptara, como parece asumir la comunicación oficial. Me refiero un elemento que rompe con un supuesto histórico que solía dar por hecho que México es un país o una potencia petrolera.

El elemento novedoso que parece un componente importante en la frustración de estas protestas es que por primera vez el alza en el precio del petróleo no nos beneficia. Al igual que una baja en el precio se asumía que nos perjudicaría. La explicación de un incremento del precio de la gasolina porque subió el precio del petróleo va contra toda nuestra historia como país productor de petróleo.

Independientemente de los juicios técnicos de los especialistas sobre la necesidad de dejar de subsidiar el precio de la gasolina, da la impresión que este elemento se está subestimando en términos comunicativos. Los mayores de 18 años en este país hemos crecido dando por hecho que México se beneficia de altos precios del petróleo y no al revés, lo cual era cierto hasta hace poco tiempo. Está es una nueva realidad. Al parecer subestimada por la comunicación oficial.

Por ello, para entender lo que está pasando al malestar y enojo, hay que agregar un nuevo elemento: la sensación de engaño y frustración. Es romper con una historia, contradecir una intuición. México ya no se beneficia de los altos precios de los hidrocarburos. Con este elemento de incomprensión, el enojo y la frustración parecen más que justificados.

 

Texto publicado en Milenio el 12 de enero de 2017

Disponible en: https://goo.gl/fvBzUu