12,517 Jorge Bravo, Internet vs. Telecom: ¿servicios sustitutos?

Internet vs. Telecom: ¿servicios sustitutos?

Jorge Bravo
Director Editorial de Grupo Mediatelecom

¿Los servicios de Internet sustituyen los servicios tradicionales de telecomunicaciones? Iniciemos con rigor conceptual. El Diccionario de la Real Academia Española define “sustituir” como “poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa”. Los servicios y aplicaciones de Internet tendrían que desplazar por completo los servicios tradicionales de voz, audio y video para ser sustituidos, como un político sustituye a otro en un cargo de elección popular, o un carro sustituye a otro en un cajón de estacionamiento.

Claramente, la sustitución de servicios no ocurre ni hay evidencia empírica de ello, pero forma parte de un discurso apocalíptico e interesado según el cual un nuevo servicio o tecnología mata al anterior. Históricamente, está demostrado que eso no ocurre sino que se trata de servicios y tecnologías que conviven y se complementan, porque en realidad son diferentes sus usos.

En el Newseum de Washington consta una gaceta editada en 1930 por la industria de la radio en Estados Unidos donde se afirma que la aparición de la televisión mataría a la radio. Es un documento que muestra con nitidez la continuidad no sólo del discurso de la muerte de las tecnologías, sino a sus principales impulsores: quienes temen perder sus privilegios.

Como la digitalización y las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han resultado disruptivas para los modelos de negocio, las empresas ven con temor el surgimiento de nuevos servicios basados en la red. Primero iTunes y después Spotify modificaron la forma de consumir música, pero no mataron ni sustituyeron la industria musical.

Lo mismo se puede decir de Uber. ¿Uber está sustituyendo las flotillas de taxistas tradicionales? Sabemos que no. De entrada, los usuarios de Uber son un nicho muy reducido de usuarios que tiene smartphone, un plan de banda ancha móvil y además está bancarizado y tiene tarjeta de débito o crédito. Lo que sí está haciendo Uber es poner en entredicho el modelo de negocio, la eficiencia operativa, la calidad del servicio y los intereses políticos y económicos de quienes controlan a los taxistas en una ciudad.

Esto mismo acontece con el video en línea. Se dice sin sustento que servicios como Netflix, Clarovideo, Hulu y más sustituyen los servicios tradicionales de televisión de paga. De principio, los servicios de video online son diferentes a la TV de paga tradicional, pues se prestan mediante streaming o video bajo demanda en línea. La TV de paga tradicional, por el contrario, es un servicio de distribución multicanal a través de una red fija cableada o satelital.

Los Over the Top (OTT) de video transmiten por Internet el contenido que previamente selecciona el usuario de un amplio catálogo, que puede ser tan general como específico según el modelo de negocio y el mercado al cual desean llegar. La TV de cable o satelital tradicionales son distintas señales temáticas o generalistas pero es el programador y no el suscriptor quien decide en todo momento el contenido que ofrece, desde básico hasta premium, que amplía según el plan comercial que esté dispuesto a contratar el cliente.
Es decir, no son servicios ni idénticos ni sustitutos, pero la TV de paga tradicional le teme a los servicios en Internet porque cree que va a ser desplazada, como los taxistas le temen a Uber, incapaces de comprender que un nuevo negocio ofrezca un mejor y distinto servicio.

El video en línea le otorga al cliente la libertad de decidir qué contenido consumir, en qué momento y el dispositivo a través del cual hacerlo. En la TV de paga tradicional de cable o satelital el programador y distribuidor es quien manda, y el consumo se realiza en el hogar, a través de un decodificador en la sala de estancia y repitiendo el contenido en bloques de ocho horas para que la programación encuentre al suscriptor y no éste al contenido.

Como se aprecia, el servicio y tecnología disruptivos es el video en línea. Ante su incapacidad de adaptarse y sacar ventaja del nuevo entorno digital a cambio de preservar sus privilegios, los cableros equivalen al taxista tradicional que reacciona con amenazas, amagos de regulación, discursos apocalípticos, argumentos falaces y premisas falsas para conservar su mercado, ¿pero quién se lo ha quitado? Claramente, tanto el taxista como la industria de la TV de paga tradicional defienden sus intereses, no la innovación ni el derecho de los usuarios de elegir el servicio de su preferencia por el valor añadido que le ofrece el proveedor y obtiene el usuario.

Desde los años 40 del siglo 20 en Estados Unidos existen sistemas de TV por cable. Junto con la TV satelital, es una industria que ha tenido más de siete décadas para consolidarse y alcanzar 100.9 millones de suscriptores en 2013, de un total de 133.8 millones de hogares.

Netflix, en cambio, inició su servicio de streaming en 2010 y hasta junio de 2015 había alcanzado 42.3 millones de clientes en la Unión Americana. ¿En qué momento Netflix y las demás empresas OTT que operan en territorio estadounidense sustituyeron el cable o el satélite? ¿Quién les ha impedido a estos últimos lanzar sus propias plataformas OTT para competir en el mercado de video en línea?

¿WhatsApp, Facebook Messenger, Telegram, BBM, Viber y otras aplicaciones de mensajería instantánea sustituyen los mensajes de texto breve (SMS) tradicionales? La respuesta la tiene el Estudio Mavam México 2013, el cual señala que 98 por ciento de quienes tienen un smartphone utiliza más de una aplicación de mensajería instantánea, pero 89 por ciento también utiliza SMS. No hay sustitución, el uso es diferente y siempre hay que innovar. Al respecto, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) señala lo siguiente en su informe estadístico 2014: “aunque las nuevas tecnologías están desplazando a las más antiguas en uso, todavía existe un tráfico significativo de mensajes de texto (SMS) en la telefonía móvil”.

La consultora Deloitte previó en sus predicciones 2014 que “los SMS continúen generando ingresos superiores a la mensajería instantánea móvil hasta 2017, aunque no será de forma homogénea en todos los mercados”. Otro estudio, ahora de Juniper Research, señala que el uso de aplicaciones de mensajería instantánea es “inherentemente diferente” al uso de SMS. Lo mismo aplica para el mercado de video.

En México los voceros de los intereses de la TV de paga tradicional (59.6% controlada por Televisa) sostienen que Netflix o Clarovideo son sustitutos del cable o el satélite, pero las cifras oficiales indican que todas las plataformas están creciendo y sumando suscriptores. ¿Dónde está la sustitución?

Estos representantes pretenden que quien actualmente controla la mayoría de las empresas y suscriptores de cable y satélite (9.5 millones de clientes de un total de 16 millones de suscriptores) evadan la regulación pro competencia y se libren de su poder sustancial de mercado, utilizando argumentos falaces.

Así como los taxistas furiosos atacan y violentan a los proveedores de Uber, destruyendo sus vehículos u obstaculizando su operación con leyes prohibitivas; asimismo los procuradores de la TV de paga tradicional atacan los servicios en Internet, presionando a la autoridad, buscando revocar concesiones y proponiendo regulaciones que salvaguarde sus cotos de negocio y poder. La historia se repite.

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