Televisa-Iusacell: nadie cree que sólo serán socios en telefonía y no en todo lo demás
Mediatelecom Policy & Law
Jorge Fernando Negrete P.
¿Es sólo la telefonía móvil la que está en discusión en esta concentración? ¿Realmente se están analizando las consecuencias económicas, tecnológicas y políticas de esta asociación? ¿Se está pensando en el desarrollo eficiente del sector en su conjunto, o sólo en una operación económica más entre dos empresas? ¿Se advirtió el riesgo de concentración de información, cultura y opinión pública, en detrimento de la democracia de nuestro país? ¿Conocen las autoridades el problema de poderes fácticos que le heredarían a sus sucesores? ¿Realmente serán socios en la plataforma móvil y no en todo lo demás?
El argumento más débil es precisamente el que estarían esgrimiendo los comisionados de la Comisión Federal de Competencia (CFC): que la operación según la cual Televisa adquiriría 50 por ciento de las acciones de Iusacell por mil 600 millones de dólares generaría más competencia en telefonía móvil y que no tendría relación alguna con otros segmentos donde participan Televisa y TV Azteca como la televisión.
De manera artificial e irreal, el Pleno de la CFC buscaría separar lo inseparable. Resolver el caso en función de llevar “competencia” a un solo mercado (telefonía móvil), donde ya existen cinco operadores móviles (Telcel, Telefónica, Nextel, Iusacell, Maxcom, además de la futura incursión de Megacable a través de su inversión en la fibra óptica de la Comisión Federal de Electricidad y del inglés Virgin), implicaría sacrificar la inexistente competencia en televisión abierta (Televisa y TV Azteca). ¿Si no existiera un mercado competitivo móvil, por qué tendría interés de incursionar un operador móvil virtual extranjero?
La concentración Televisa-Iusacell ocurriría en la plataforma móvil, la de más alto crecimiento en las telecomunicaciones y la que ofrece accesos inmediatos a sectores masivos de la sociedad. Las nuevas tecnologías permitirán la transmisión de datos y nuevos servicios a velocidades y cantidades sin precedente en la historia de la humanidad, teniendo en los servicios audiovisuales a su principal exponente. Esto explica el riesgo de monopolio de tercera generación que se construiría con esta asociación.
Además, la concentración afectaría la producción de contenidos, inhibiendo la creatividad, la diversidad cultural y la creación de nuevas ofertas programáticas, constituyendo un cartel cultural e informativo, es decir, un monopolio ideológico. Y es que no hay duda de que el principal negocio de Televisa y TV Azteca es la producción simbólica y la distribución de contenidos, no la telefonía móvil.
Es un mito culpar a Telcel de la posición que ocupa Iusacell en el mercado celular mexicano. Los responsables han sido los empresarios en turno que no ha sabido implementar un plan de negocios exitoso y la autoridad que no ha tenido una visión para esta empresa, ni verificado el eficiente uso del espectro radioeléctrico que explota la telefónica de Grupo Salinas. Desde 1987 y hasta 1995 Iusacell fue el principal operador móvil en el país, pero su base de suscriptores era de pospago, es decir, los usuarios de Iusacell siempre han sido de nivel socioeconómico alto. En 1995 fue superada por Telcel que prefirió enfocarse en usuarios prepago. Grupo Iusa de la familia Peralta fue adquiriendo empresas locales y actualmente Iusacell tiene presencia en 90 por ciento del territorio nacional.
Cuando en 2001 Vodafone (subsidiaria de Verizon Communications) adquirió 74 por ciento de las acciones de Iusacell por más de 2 mil millones de dólares, la situación de la empresa ya era precaria, llegó a tener una deuda de mil millones de dólares, perdía suscriptores y conservó su plan de negocios basados en clientes de pospago. Cuando incursionó en la modalidad de prepago a través de “Viva Universal”, este mercado, el mayoritario en México, ya había sido captado por Telcel. El ingreso de Telefónica de España al mercado celular en México en 2001, adquiriendo empresas que desde 1990 operaban en el norte del país, volvió a desplazar a Iusacell al tercer sitio.
En 2003 Vodafone vendió a la compañía estadounidense Movil@ccess, de comunicación móvil por correo electrónico, la participación de Iusacell por 7.4 millones de dólares y la deuda acumulada. Posteriormente, Ricardo Salinas Pliego adquirió Iusacell, quien también era dueño en sociedad de Unefon (empresa de comunicación móvil que operaba en el centro del país). En 2004 Salinas Pliego renegoció la deuda de Iusacell y la extendió hasta 2015 y comenzó a compartir la red con Unefon, operador que logró ampliar su cobertura a nivel nacional con un modelo de bajo costo. Fue en marzo de 2007 cuando Iusacell y Unefon comenzaron a operar como una sola empresa; entonces tenían 3.4 millones de abonados y 7 por ciento del mercado móvil (Telcel tenía 80% y Movistar 12%). Hoy Iusacell tiene 4 por ciento del mercado y ya también fue superada por Nextel en ingresos.
Dos son las razones por las cuales la CFC debe analizar en su totalidad e implicaciones la alianza Televisa-Iusacell: los capitales no tienen fronteras de mercado y la convergencia tecnológica es un proceso irreversible. Es obvio que en función de la convergencia Televisa y Televisión Azteca, ahora asociadas, buscarían distribuir sus contenidos audiovisuales y de otros segmentos de comunicación a través de la pantalla celular de los teléfonos Iusacell. En resumen, la gravedad de la operación radica en la colusión de diversas plataformas de red y convergencia, por lo que resulta absurdo e ingenuo separar las plataformas y los servicios como pretende el Pleno de la CFC.
Es importante aclarar que nadie se opone a que Televisa incursione en la telefonía móvil y complete su convergencia tecnológica. Sin embargo, por elemental concentración, no sólo no puede sino que debiera prohibirse la alianza con el único competidor en televisión abierta. De autorizarse la operación, México sería el único país del mundo en el cual dos empresas de contenido audiovisual, que además concentran 88 por ciento de las concesiones de TV abierta, se articularían. La concentración Televisa-Iusacell no tiene referencia alguna en el mundo de los medios a nivel mundial, ya que se da de manera horizontal, es decir, entre empresas de radiodifusión, monopólicas y concentradoras del mercado y de los contenidos informativos y culturales. En cambio, es una práctica reconocida internacionalmente la integración de grupos de manera vertical, esto es, operadores de telecomunicaciones con empresas de contenidos para completar la convergencia. Eso promueve grupos que posicionan diferentes contenidos, mercados y necesidades informativas y de servicios.
Es como si en Estados Unidos se unieran Univisión y Telemundo en la producción de televisión en español; o si se aliaran entre sí NBC, CBS, ABC y Fox también en la Unión Americana. En cualquier caso no dudaríamos en denunciar la perniciosa alianza de empresas que se dedican exactamente al mismo negocio. Es el caso de Televisa-Iusacell-TV Azteca.
No es equiparable decir que si se autoriza la alianza Televisa-Iusacell entonces debe permitirse a Telmex brindar televisión por cable o a MVS ofrecer Internet de banda ancha a través de las frecuencias de 2.5 Ghz. No son temas negociables porque mientras Televisa buscaría concentrar más recursos, espectro y negocios, en el caso de Telmex estamos hablando de la infraestructura que ya tiene desplegada y se está solicitando utilizarla de manera más eficiente, brindando además de telefonía e Internet, televisión por cable; mientras que MVS ya tiene concesionada la banda de 2.5 Ghz. Por lo tanto, no debe ser moneda de cambio otorgar privilegios y permitir más concentración a Televisa-Iusacell a cambio de que Telmex y MVS sí reciban la autorización de la autoridad de utilizar eficientemente los recursos productivos con los cuales ya cuentan. Mientras a Televisa y TV Azteca la autoridad les daría más, a Telmex y MVS los restringe una regulación anti-convergente y sin estímulo a la conectividad.
Cuando argumentamos en contra de la licitación 21 fue por el despropósito de Televisa y Nextel de sólo pagar 180.3 millones de pesos por un bloque nacional de 30 Mhz del espectro radioeléctrico. Si en 2009 Nextel tuvo ingresos por 24.9 mil millones de pesos, su contraprestación al Estado de 180.3 millones de pesos sólo representó 0.7 por ciento de sus ganancias en 2009.
La solución para la convergencia y el ingreso a la telefonía móvil que busca Televisa radica en convertirse en operador móvil virtual a través de su alianza con Telefónica de España en los dos hilos de fibra óptica de la Comisión Federal de Electricidad. A través de esa asociación que también comparte con Megacable, Televisa podría ofrecer el tan anhelado servicio móvil de telefonía, por lo que la alianza con Iusacell no sería la única opción comercial de Televisa pero sí la más perversa de todas.
Además, no es verdad que esta operación inusual a nivel internacional generaría más competencia. Expliquémoslo de manera sencilla. En México existen habitantes sumidos en la extrema pobreza, también hay pobres a secas, clase media-baja, clase media, clase media-alta y ricos. En el país existe una penetración de 86 accesos móviles por cada 100 habitantes, es decir, 97.4 millones de dispositivos móviles en un país de 112 millones de pobladores, de los cuales sólo 13.7 millones son de pospago (14.12%) y la inmensa mayoría (85.87%) son de prepago. Aproximadamente 15 millones de mexicanos (deben ser más porque hay usuarios que tienen dos celulares) no tienen teléfono móvil ya sea porque no quieren o porque no pueden pagarlo; Telcel y Telefónica atienden a los pobres y las clases medias a través del prepago, mientras que Nextel y Iusacell ofrecen sus servicios a los usuarios de alto poder adquisitivo, corporativos y empresariales con planes de pospago.
La pregunta obvia es: ¿cuál competencia generará una inversión para pagar las deudas de Iusacell cuando su nicho de mercado es el de los usuarios de telecomunicaciones con más dinero en este país? Además, según estadísticas oficiales de diversos organismos internacionales, la pobreza en nuestro país ha aumentado y el poder adquisitivo del salario ha caído. De tal manera que en nada beneficia a la mayoría de los usuarios de telefonía móvil “generar competencia” con un operador sólo interesado en suscriptores móviles de elevado poder adquisitivo, corporativos, de pospago y que pagan elevadas tarifas, cuando lo que se necesita es ampliar la penetración y la cobertura de servicios de telecomunicaciones entre los estratos más precarios de la población.
Los comisionados de la CFC están evaluando la posibilidad de aprobar la operación con una serie de obligaciones de competencia. Esta opción tampoco resulta pertinente. Cualesquiera que sean las obligaciones que le impusieran a Televisa para lograr su alianza con Iusacell son prexistentes (como permitir el acceso irrestricto a sus contenidos por parte de los operadores de televisión restringida), no son consecuencia de esta operación y ya resultan distorsionantes del actual mercado de las telecomunicaciones. Esas obligaciones de competencia debe imponerlas la CFC a través de una investigación de oficio independientemente de la alianza Televisa-Iusacell y no como condición. Lo que buscan Televisa-Iusacell es la aprobación de la CFC y bajo cualquier obligación de la cual puedan ampararse pero sin comprometer la alianza; las distintas obligaciones de competencia que se encuentran en el pensamiento de los comisionados implicarían el menor costo a pagar por ambas empresas.
Además, una serie de condicionantes no estarían en el ámbito de atribuciones de la CFC y sólo podría emitir recomendaciones: tal es el caso de reformas a la Ley Federal de Derechos de Autor para garantizar la libre transmisión de señales abiertas sin condicionamientos; la licitación de frecuencias para una tercera cadena de televisión abierta previo a cualquier tipo de concentración; la modificación del título de concesión de Telmex para ofrecer TV; el refrendo de las concesiones de MVS en las frecuencias de 2.5 Ghz para brindar el servicio de banda ancha; el fortalecimiento de los medios públicos en sus distintas modalidades (culturales, universitarios, indigenistas), así como de los comunitarios, y una serie de reformas al actual régimen legal de la radiodifusión y las telecomunicaciones. Nada de eso podría obligar la CFC en su resolución, todo eso y más se necesita y, por lo tanto, la concentración Televisa-Iusacell no garantiza ninguna de estas condiciones.
Quienes piensen que las políticas de telecomunicaciones deben verse sólo bajo la perspectiva económica o de competencia, se equivocan. El reto del análisis de este sector de la economía nacional es relevante por sus impactos en la educación, la cultura, el desarrollo y la democracia del país. En el caso de la concentración de Televisa-Iusacell de TV Azteca, la reflexión debe ser de mayor alcance, ya que su impacto directo e inmediato atenta no sólo contra el sentido común y la competencia, sino contra la democracia y las instituciones de la República.
Este problema que ha dejado crecer la autoridad evidencia nuevamente que primero hay que atender, en la agenda de las telecomunicaciones, los derechos de las empresas y después los de los ciudadanos, sobre todo los más desprotegidos. La política de telecomunicaciones de esta administración ha sido diseñada primero para las empresas, después para las empresas y finalmente para las empresas.
Mediatelecom Policy & Law es un servicio especializado en políticas públicas de telecomunicaciones. Usted puede reproducir y citar este contenido mencionando la fuente original que es Mediatelecom Policy & Law. Texto también disponible en:http://bit.ly/xVoR11
