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Estado laico: la tentación de la regresión
Equipo yoinfluyo.com
martes, 09 de febrero de 2010

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Desde la publicación de la Constitución de 1917, la familia revolucionaria se mostró orgullosa del texto creado. Dicho documento pretendía dar sentido a una nación, organizar la vida pública de un país convulso. Sin embargo, también se envolvió en una lógica anticlerical persecutoria que llevó al país al conflicto de 1926.

Pasados los años y los pactos que dieron fin a la Guerra Cristera, la Constitución se mantuvo sin modificaciones importantes hasta 1992, cuando el presidente Carlos Salinas decidió devolver a las iglesias su personalidad jurídica y la capacidad de administrar bienes, mientras que a sus ministros otorgó el derecho al sufragio. Una libertad religiosa que sólo era de cultos.

Así las cosas, la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados aprobó la propuesta de que se agregue al artículo 40 de la Carta Magna la palabra “laica”. De este modo, dicho organismo avaló que el texto afirme “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal”.

Hoy México está azotado por diversos y muy urgentes problemas. En el norte del país continúa al alza la violencia relacionada con el crimen organizado y el narcotráfico. Algunas regiones del centro del país se encuentran inundadas ante la ineficaz acción de los gobiernos locales para prevenir y solucionar esta crisis. Y en la Cámara de Diputados se ocupan de buscar redefinir el Estado laico.

Algunos estados de la República mexicana, a lo largo de 2009, fueron anunciando que sus constituciones locales protegían el derecho a la vida desde la concepción. Al sumar 18 estados con esta característica, diversas voces en varios medios de comunicación expresaron su desconcierto sobre esta circunstancia. La Iglesia Católica vuelve a involucrarse en la vida política de México, decían.

Finalmente, ante la legislación que reconoce como matrimonios a las uniones homosexuales, algunos grupos de interés y actores políticos se pronunciaron por la necesidad de acotar la participación de la Iglesia en la vida pública. Incluso, demandaron al cardenal Norberto Rivera por pronunciarse en contra de dicha legislación, lo que revivió el debate del Estado laico y sus alcances.

A este respecto, el obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi, se pregunta: “¿Y dónde queda el derecho a la libertad religiosa? Reducirla a la libertad de conciencia y de credo, es quedarse en el pasado, es repetir lo que ya está en el artículo 24, es tener miedo a que las iglesias tengamos plena libertad, no para imponer una religión, sino para ofrecerla en igualdad de libertades que tienen otros grupos, partidos y organizaciones sociales”.

“¡Ellos sí tienen libertad para reprimirnos; y nosotros no, para profesar y compartir plenamente nuestra fe!”

Para quienes acusan a la Iglesia Católica de pretender involucrarse en asuntos públicos injustamente, siempre en aras de la convivencia democrática, conviene recordar la cátedra que en este sentido impartió Benedicto XVI en diciembre de 2006.

El Papa precisa que la laicidad es una palabra empleada para designar la condición del fiel cristiano que no desempeña labores concernientes al clero o al estado religioso. Durante la Edad Media, dice el pontífice, dicha palabra hacía referencia a la oposición entre poderes civiles y jerarquías eclesiásticas.

A pesar de ello, el término ha evolucionado hasta que en la modernidad se designa laico a la corriente de pensamiento que busca excluir a la religión y sus símbolos de la vida pública. #Así, ha sucedido que al término «laicidad» se le ha atribuido una acepción ideológica opuesta a la que tenía en su origen”, indica el Papa.

Hoy queremos que en México se deje de vislumbrar un Estado alejado del fenómeno religioso que, de hecho, millones de habitantes hoy viven en su fe. No queremos que nuestro país excluya el fenómeno religioso de la vida pública. Aunque la vivencia de una religión es un asunto de conciencia, también es una cuestión en la que la comunidad se involucra porque ahí se comparte.

Los argumentos “laicos”, se dice, son aquellos que se mantienen ajenos de toda influencia religiosa. “[…] Se habla hoy de pensamiento laico, de moral laica, de ciencia laica, de política laica. En efecto, en la base de esta concepción hay una visión a-religiosa de la vida, del pensamiento y de la moral, es decir, una visión en la que no hay lugar para Dios, para un Misterio que trascienda la pura razón, para una ley moral de valor absoluto, vigente en todo tiempo y en toda situación”.

Si nuestros diputados y representantes populares se ocuparán de redefinir al Estado laico antes que atender otros problemas que reclaman mayor urgencia, la exigencia mínima que los ciudadanos debemos imponerles es que lo hagan bien.

Es nuestro deber pedirles que aquella adición, a la que le falta llegar al pleno de la Cámara de Diputados, esté configurada en función de la sana laicidad.

El Estado debe considerar a la religión no como un simple sentimiento individual, que se podría confinar al ámbito privado, sino como una presencia pública de la comunidad, dado que la religión también se organiza en estructuras visibles

Los gobiernos de México, que aspiran a consolidar un modelo democrático propio, deben garantizar que cada confesión religiosa inofensiva al orden público pueda ejercer libremente sus actividades de culto con las que sirven a sus creyentes.

Asimismo, deben evitar ser hostiles –como de hecho ya lo han sido– hacia cualquier forma de relevancia política y cultural de la religión, así como con los ministros de culto que se pronuncian sobre los problemas morales que tienen que ver con las sociedades en su totalidad.

El espíritu de la Constitución de 1917 tenía tintes antirreligiosos y anticlericales muy acentuados, matizados por reformas posteriores. El Estado laico no es arrinconar a las confesiones religiosas al ámbito de lo privado, sino reconocer su capacidad de aportar en la conformación de una sociedad más libre, plena y en desarrollo.

La restricción legal de la fe sería un retroceso para nuestro país, que ha sufrido tanto por este conflicto unilateral que, aparentemente, no se considera resuelto. Confiamos en que nuestros legisladores sabrán discernir entre lo que realmente conviene a México y lo que, a todas luces, no contribuye para hacer del nuestro un mejor país.
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COMENTARIO DE OCTAVIO ISLAS

Más allá de lo que afirme el Papa, la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados sencillamente reafirma la condición laica del Estado mexicano -tan olvidada por el gobierno calderonista-. No hay nada qué argumentar.

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