4014 México, Jesús Reyes Heroles, Segundo Aire

SEGUNDO AIRE

Federico Reyes Heroles

1 Dic. 09

Desde el primer día de su mandato la adversidad ha acompañado a Felipe Calderón. El cuestionamiento sobre la limpieza de la elección, su trabajosa toma de posesión, el discurso paralelo de los opositores, la burbuja inflacionaria que lesionó a los sectores de menores ingresos, la pérdida de control de territorio a manos del narcotráfico, la muerte de un colaborador y amigo muy cercano, la caída en la plataforma petrolera y posteriormente el desplome de los precios y, por si fuera poco, la peor crisis recesiva de la economía mundial en muchas décadas. La influenza y la terrible sequía son mucho más que anécdotas. Fácil no la ha tenido.

En los últimos meses cierta prensa se ha encargado de sembrar la duda sobre cómo terminará su gestión. Lo presentan débil y apabullado. Se olvidan de los logros concretos, que también los ha habido, como las pensiones del ISSSTE o la liquidación de Luz y Fuerza. La actitud no es nueva, especular sobre la debilidad de un Presidente siempre ha sido un buen negocio. Recordará el lector cómo se vaticinaba en primeras planas que Ernesto Zedillo no terminaría su segundo año. Zedillo terminó después de una gestión muy consistente y con un grado de aprobación envidiable.

Pero el poder desnuda y la adversidad puede sacar la garra, en quien la lleva. El caso más recordado es Churchill. La estrategia de evitar conflictos, de no confrontación, de caminar por el sendero de lo posible seguida en los tres primeros años le ha pagado muy mal a Calderón, incluso en lo electoral. Reformas mediocres en lo energético y lo fiscal y una contrarreforma política no parecieran una herencia deseable. En el asunto de seguridad la cosecha tardará en llegar a la sociedad. Lo mismo ocurre con los programas de infraestructura. De ahí la importancia de su pronunciamiento del día domingo. Por las iniciativas del texto pareciera que el presidente Calderón ha decidido cambiar de estrategia. Sabe que si quiere avanzar en lo político, en lo laboral, en lo energético, en materia fiscal, en telecomunicaciones, en lo que más urge a México, tendrá que confrontar intereses de todo tipo.

En los hechos el Presidente no tuvo empacho en reconocer que la primera estrategia no rindió los frutos esperados. No se encaprichó con sus criaturas. Es un mérito. Hablar de una nueva reforma política, energética y fiscal es admitir que la primera versión no funcionó. Varios son los pendientes nacionales señalados por Calderón: pobreza extrema, cobertura en salud, educación, en esto no hubo novedades, se habló de fortalecer y ampliar las acciones. Pero al final de su intervención Calderón tocó la raíz de la crisis en las finanzas públicas: la dependencia del recurso petrolero. En ese contexto convocó a una discusión amplia al respecto. La recaudación deberá provenir de otras fuentes y llegar a niveles equiparables a otros países. ¡Por fin! De ahí el Presidente saltó al sector energético y anunció una nueva iniciativa que busca fortalecer a Pemex y al sector energético. El próximo anuncio se centró en telecomunicaciones, área minada. Lo dijo con claridad: mayor cobertura, convergencia, multiplicidad de actores, nuevas frecuencias, nuevos competidores. Sin palabrería el Presidente abordó la reforma laboral necesaria. No evadió el término explosivo: rigidez. Es esa rigidez la que impide la creación de más y mejores empleos; es esa rigidez la que pone obstáculos a jóvenes y mujeres. Es esa rigidez, que en el pasado fue vista en el mundo sindical como un arma en la defensa de los derechos laborales, la que se ha convertido en el mayor enemigo de un sindicalismo acorde con la globalidad.

Finalmente el Presidente anunció una nueva reforma política, no electoral. Las diferencias conceptuales frente a anteriores ejercicios comienzan desde los objetivos centrales: fortalecer a la ciudadanía y superar la parálisis institucional que impide alcanzar acuerdos en temas centrales. Calderón anunció una medida que podría transformar de fondo la relación entre la ciudadanía, sus representantes y gobernantes más cercanos: la elección consecutiva de legisladores y alcaldes. También habló de “una reducción en alguno de los componentes” del Congreso. Al grano: se busca terminar con la preocupante lejanía que afloró en la elección del 2009. Hay más, iniciativa ciudadana, referéndum, y “participación… sin rigideces”. ¿Candidatos ciudadanos? Revisión del veto y facultad de iniciativa a la Corte en temas judiciales. Ratificó la necesidad de revisar la Ley de Amparo que ahoga a la Corte.

Es momento de definiciones. Las acciones y propuestas anunciadas traerían un reacomodo de fuerzas reales, de los partidos frente a la sociedad, de la ciudadanía en el mapa nacional, de los empresarios, de los legisladores. Las propuestas políticas, que no electorales, son quizá las más importantes en mucho tiempo. No hay forma de trasladar costos o beneficios al 2012. Es momento de pensar en grande. Ojala y la oposición esté a la altura.

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