Violencia. Un profesor dentro de casa
Jorge Enrique Mújica
«Al tema de los efectos perniciosos de una educación sexual manipulada que no da garantías a los padres de instruir según sus propias convicciones, se añade el tema de la violencia, que está también a la orden del día.
Por citar un ejemplo, el pasado mes de enero de 2009, el Ministerio inglés de justicia dio a conocer un reporte (Youth Justice Board) donde se refleja, entre otras cosas, que en aquel país las adolescentes de entre 10 y 18 años cometen 159 crímenes al día (cf. también Il Corriere de la Sera, 09.01.2009).
¿Cuáles? Desde robar hasta matar. La criminalidad femenina creció en un 18-21 por ciento. En 2008 los adolescentes de entre esas edades cometieron 278 mil delitos. Los expertos achacan estas consecuencias al elevado consumo de alcohol.
Se llega a pensar que no exponer a los hijos a amistades que les inciten a la violencia es la salida perfecta para evitar problemas en este campo. Pero ahora ya no hace falta salir de casa para dejar entrar a maestros de la violencia. ¿Cómo se introduce, entonces? ¿Es algo realmente latente?
En un artículo publicado por el diario español El Correo (cf. 08.12.2009) se hacía eco de la llamada de atención de varios expertos que alertaban sobre el papel de los videojuegos violentos en la vida de los niños, adolescentes y jóvenes. Y es que ya no hace falta irlos a comprar, basta una tarjeta de crédito y acceso a Internet para descargarlos.
«Según la asociación Protégeles, el 57 por ciento de los menores reconoce que juega con videojuegos en los que se daña, tortura o mata a personas. Uno de cada tres admite que además se trata de un producto clasificado para mayores».
Florida Timothy Plan publicó en enero de 2009 una guía valiosa para orientar a padres de familia en la compra de videojuegos, clasificándolos según categorías como violencia, droga, homosexualidad o blasfemos. La guía, disponible sólo en inglés, se puede descargar aquí.
Benedicto XVI alertaba en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2007: «Cuando se pone a los niños delante de lo que es estética y moralmente excelente se les ayuda a desarrollar la apreciación, la prudencia y la capacidad de discernimiento».
También señalaba: «Toda tendencia a producir programas —incluso películas de animación y videojuegos— que exaltan la violencia y reflejan comportamientos antisociales o que, en nombre del entretenimiento, trivializan la sexualidad humana, es perversión; y mucho más cuando se trata de programas dirigidos a niños y adolescentes. ¿Cómo se podría explicar este «entretenimiento» a los innumerables jóvenes inocentes que son víctimas realmente de la violencia, la explotación y el abuso?».
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Me llama poderosamente la atención la categoría «blasfemos».
