2897 Octavio Islas, Excélsior, Columna Proyecto Internet, Teletrabajo y cultura de la información, 5 de mayo de 2009

Teletrabajo y cultura de la información

Octavio Islas[1]

Las medidas adoptadas por el gobierno federal para impedir que los casos detectados de influenza H1N1 deriven en pandemia, indudablemente han alterado la vida cotidiana en el país, han incomodado a la ciudadanía, y por supuesto agudizarán los efectos de la delicada recesión económica que venimos enfrentando.

Sin embargo, en declaraciones al semanario Proceso, Jesús Kumate Rodríguez –quien se desempeñó como secretario de Salud en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari y presidente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1995-, atinadamente afirmó que sería más costoso no tomarlas.

En los recientes días de temor e incertidumbre, el teletrabajo representó la mejor opción, en algunos sectores, para atenuar relativamente el impacto inmediato de las difíciles medidas decretadas por el gobierno del presidente Felipe Calderón.

En México el teletrabajo solo representa una práctica recurrente en un reducido número de instituciones. En no pocas organizaciones -a pesar de contar con la tecnología necesaria-, la práctica del teletrabajo solo es considerada en situaciones extraordinarias, como precisamente la actual crisis de salud pública.

El teletrabajo ha reportado mejores resultados en aquellas instituciones que confían en la posibilidad de producir en la virtualidad, que conciben la práctica del teletrabajo como un escenario normal en sus operaciones cotidianas, y más importante aún, en aquellas instituciones que han comprendido la importancia de la alfabetización digital de cada uno de los empleados.

La gran mayoría de las instituciones no confía plenamente en la virtualidad, a pesar de realizar considerables inversiones en materia de equipamiento e infraestructura tecnológica, afirmado que se pretende trascender, primero, a la condición de una “organización integrada”, y posteriormente convertirse en una “organización extendida”, sin comprender la importancia de poder sentar las bases de una inteligente cultura de información.

En el libro Infornomía!com. La gestión inteligente de la información en las organizaciones, Alfons Cornella atinadamente señala que “un país puede desarrollar un potente sector de la información sin que se informacionalice la sociedad” (Cornella. 2002: 35).

Un país puede entrar –afirma Cornella- en la economía de la información: “mediante un esfuerzo de inversión importante en la creación, adquisición e implementación de sistemas y tecnologías de información, pero eso no es garantía de que, como consecuencia, la sociedad se transforme en una sociedad de la información. Para llegar a ella tiene un papel importante lo que se ha venido denominando cultura de la información” (Cornella. 2002:41-42).

Nuestra cultura de información, como nación, definitivamente admite ser considerada como deficitaria e incipiente –situación que expresa el rotundo fracaso del Sistema Nacional e-México-.

Disponer de la más avanzada tecnología no significa contar con una inteligente cultura de información.

No basta contar con redes de tercera generación que permitan el uso de banda ancha fija y móvil, cuando las instituciones no han impulsado programas de educación digital destinados a obtener el mejor provecho posible de las comunicaciones digitales.

Del reducido número de directivos de grandes empresas mexicanas, pocos conocen programas como Skype, Twitter y Messenger. Por supuesto abundan quienes consideran las referidas aplicaciones como indeseables distractores que inhiben la productividad en la organización. 

Las contradicciones del secretario de Salud, José Angel Córdova Villalobos, en el manejo de las cifras relativas al número de personas fallecidas, “muertes sospechosas” y casos detectados de influenza H1N1 en la población, por ejemplo, son expresión de la pobre cultura de la información que prevalece en las instituciones del sector salud pública en México. El proceso de integración de la información necesaria para conformar las bases de datos ha presentado graves deficiencias.

Pobre calidad en la información disponible siempre es principio de malas decisiones.

 

Fuentes de información

Cornella A, (2002). Infonomía!. La gestión inteligente de la información en las organizaciones. España: Deusto.

 

 

 


[1]  Director de Proyecto Internet-Cátedra de Comunicación Digital Estratégica, e investigador del Centro de Investigación de la Comunicación Digital en el Tecnológico de Monterrey campus Estado de México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Su cuenta de correo electrónico es octavio.islas@proyectointernet.org