SON DE TAMBORA – 222 – «Jóvenes y comunicación pública. Dejar la butaca del espectador para tomar el escenario de la participación ciudadana»
3 de diciembre de 2008
De: La Iniciativa de Comunicación
Donde la comunicación y los medios son parte esencial del desarrollo social y económico de América Latina
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Este número del Son de Tambora hace parte de nuestra serie especial de análisis. En esta ocasión, Javier Ampuero Albarracín, Director del Centro de Producción de Estrategias y Medios de Comunicación de Calandria, Perú, ha respondido a la invitación abierta que La Iniciativa de Comunicación formula a su red, a escribir análisis críticos alrededor de la comunicación. En este artículo, Ampuero reflexiona sobre el escaso valor social y político que tienen las voces, imágenes y opiniones en los espacios de decisión de los jóvenes, abocados a una presencia pública que tiene que ver mayoritariamente, con hechos y temas de violencia urbana, y propone seis fibras que entrelazadas, pueden formar el tejido de una propuesta que promueva la comunicación pública joven.
La serie especial de análisis pretende divulgar opiniones críticas y generar diálogo. Si desea hacer una contribución, comuníquese con Juana Marulanda – jmarulanda@comminit.com – Muchas gracias.
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JÓVENES Y COMUNICACIÓN PÚBLICA. DEJAR LA BUTACA DEL ESPECTADOR PARA TOMAR EL ESCENARIO DE LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA.
Las y los jóvenes constituyen un sector demográficamente importante en nuestros países; sin embargo su visibilidad pública y peso político no reflejan ese valor demográfico.
En muchos países de la región no existen políticas, prácticas ni culturas de participación que promuevan de manera sostenida a las juventudes como actores sociales con real capacidad de influencia. Sabemos que la existencia de normas escritas y programas gubernamentales con sonoras siglas muchas veces alientan más la formación de costras dirigenciales que de flujos de verdadera participación renovadora y diversa.
Por otro lado, entidades estatales o privadas desarrollan iniciativas inspiradas en miradas fragmentadas sobre las y los jóvenes que hacen foco no en los sujetos sino en los problemas: programas de empleo juvenil, de prevención del abuso de drogas o de control de infecciones sexuales transmisibles. Se trata de iniciativas que -desde los extremos paternalistas de la represión o de la sobreprotección- no son concebidas a partir de:
a. Un acercamiento a y una comprensión de las maneras cómo los jóvenes viven, sienten y piensan su propia situación y la de su entorno (familia, escuela, barrio, región, país).
b. Un esfuerzo por mirar y acercarse a las y los jóvenes como ciudadanos -con derechos y responsabilidades- con múltiples dimensiones: culturales, políticas, afectivas, económicas, etc.
c. La comprensión de las y los jóvenes como un sector de la sociedad con rasgos comunes, pero que sin embargo se caracteriza por una diversidad rica y enriquecedora -gustos, ideas políticas, aficiones, situaciones socioeconómicas, aspiraciones, niveles de compromiso y participación, etc.-, que ocasiona dificultades para ser representados o agrupados de manera convencional.
Entonces, es necesario fomentar la visibilidad pública y la participación ciudadana de las y los jóvenes, promoviendo la expresión de sus opiniones, demandas e iniciativas para alentar el diálogo público acerca de temas de interés generacional y de interés de la sociedad en su conjunto.
CONSTRUCCION DE SENTIDOS COMUNES DESDE LA DIVERSIDAD
A diferencia, por ejemplo, de la genérica y la étnica, la condición joven no es esencial sino transitoria. Es decir, no se trata de un rasgo que marca la identidad de una persona de por vida, sino que la acompaña por un tiempo. Entonces, no es que uno sea (o no) joven, sencillamente está (o no) joven. No obstante, la condición juvenil es relacional. Uno se hace joven -asume esa identidad- en la medida en que percibe su relación con los adultos y otros sectores generacionales como una relación con «los otros». Y deja de ser joven -es una condición que sí se pierde- en la medida en que se incorpora al mundo adulto -la nueva generación joven «lo desaloja»-. Los propios jóvenes son conscientes de la peculiaridad de su condición cuando afirman que se deja de ser joven no al sobrepasar una edad determinada, sino al asumir responsabilidades asociadas al ser adulto: casarse, convivir, tener hijos, trabajar, vivir sin los padres, etc.
Además, la identidad joven es vivida de maneras distintas en una misma generación, conviven –no siempre pacíficamente- punks, emos, militantes políticos, miembros de club de fans, jóvenes en servicio militar, homosexuales, etc.; y también entre una generación y otra, tan legítimamente joven es la generación del mayo francés como la denominada generación X.
La diversidad es, entonces, un rasgo que debe ser reivindicado. Hay diferentes maneras de «ser» y percibirse joven. Sin embargo, hay una situación que comparten las y los jóvenes, sin importar sus orígenes sociales, económicos o culturales: el escaso valor social y político que tienen sus voces, imágenes y opiniones en los espacios de decisión.
La mayor parte de la episódica presencia pública de las y los jóvenes tiene que ver con hechos y temas de violencia urbana: barras de fútbol, pandillas escolares y barriales, consumo de drogas, delincuencia común. La mayoritaria presencia de jóvenes en estos hechos -aunque los involucrados sean sólo una reducida parte de la población juvenil- despierta un distorsionado y ocasional interés de las autoridades, medios y opinión pública por la juventud. Lo evidencia el surgimiento de iniciativas y leyes que tienen a la represión o a la prevención de la violencia urbana –y no a las y los propios jóvenes- como el motivo central de sus propuestas.
De manera, entonces, que la actual generación joven recibe un tratamiento público poco favorable: o es ocultada (el rasgo generacional de los protagonistas de hechos positivos no es destacado) o es mostrada como un agente de problemas (potencial transgresora de normas o víctima necesitada de ayuda). En cualquiera de los casos, las opiniones, deseos y vida de las y los jóvenes quedan al margen del debate y las decisiones.
COMO ENFOCAR NUESTRO TRABAJO CONSIDERANDO LA TRANSITORIEDAD Y LA DIVERSIDAD
La diversidad y la transitoriedad de la condición joven plantean un escenario particular para promover la visibilidad y la participación pública de las y los jóvenes.
De un lado está el carácter transitorio de la representación (cultural y política) joven, es decir que la capacidad de representar (de comprender, expresar y movilizar) a las sucesivas generaciones que van renovando la escena juvenil, expira con mayor rapidez que en otros casos. Lo cual se traduce en la necesidad de una renovación generacional permanente al interior de las agrupaciones y movidas culturales que pretenden expresar o representar a las y los jóvenes; y de un cuidadoso proceso de transferencia de capacidades, relaciones y experiencia que asegure la continuidad del proceso de legitimación social y política de la juventud.
Otro rasgo es la convivencia de distintas formas de agrupación que se disputan la capacidad de expresar a la juventud desde diversos campos. Por un lado, en el terreno político-representativo una serie de redes y organizaciones se consideran representantes de la juventud y buscan, desde esa condición, interlocución con las autoridades. Y por otro, en el campo cultural-simbólico, conviven una variedad de grupos de iniciativa en torno a aficiones y propuestas culturales (música, deporte, Internet, historieta, teatro, graffitti, etc.) que se originan en la necesidad de expresión y llegan, en algunos casos, a convertirse en iniciativas de comunicación que movilizan la participación juvenil y, en ocasiones, impacto en la opinión pública.
Esta variedad y dispersión de experiencias plantea la necesidad de apoyar procesos de complementación de ambas formas de alentar la participación de las y los jóvenes. Procesos que tiendan puentes entre el fomento de la diversidad a través de su expresión cultural y el proceso de construcción de sentidos comunes para actuar políticamente, es decir, para ganarse un lugar allí donde se toman las decisiones que las y los afectan.
FIBRAS PARA UNA PROPUESTA DE COMUNICACIÓN PÚBLICA JOVEN
Habitualmente, quienes ejercen el poder no están dispuestos a considerar las demandas y propuestas ciudadanas. El hecho de haber sido elegidos políticamente o de tener un conocimiento especializado, les otorga –a su entender- el poder de decidir por todos nosotros. Y si, excepcionalmente, estuvieran dispuestos a atender, por ejemplo, a las y los jóvenes, muestran serias dificultades para comunicarse con ellos y ellas, así como incapacidad para identificar y usar espacios de encuentro que reduzcan la distancia que han creado.
Por la manera de relacionarse con las y los jóvenes, se puede afirmar que quienes ejercen poder, distinguen entre dos tipos de jóvenes, a quienes tratan de manera diferenciada:
* Jóvenes de marca. Una selección de líderes de organizaciones «representativas», personalidades destacadas, con nombre propio, que expresarían el sentir de las y los jóvenes, y demostrarían habilidades para elaborar propuestas, al punto de convertirse en interlocutores válidos para las instancias gubernamentales, es decir, encarnan la cuota de «participación» joven en espacios de concertación y decisión sobre políticas locales, regionales o nacionales. Muchas veces, estos jóvenes no llegan a comprender toda la diversidad generacional que están llamados a representar, se apartan (sin en algún momento estuvieron cerca) de las y los jóvenes comunes y corrientes y se aferran a estos espacios aunque hayan dejado de pensar, sentir y vivir como jóvenes.
* Jóvenes a granel. Una enorme masa diversa de individuos dispersos y anónimos, menos dispuestos a involucrarse en colectivos, que mantendrían una actitud de escepticismo y clientelismo frente al poder, demostrando una menor capacidad para elaborar opiniones autónomas y argumentadas. Por ello, políticos y broadcasters considerarían a este tipo de jóvenes sólo como espectadores convocables a sus mítines, movilizaciones, talkshows, conciertos y otro tipo de eventos donde lo que importa es la cantidad que sumen y no lo que puedan pensar y sentir.
Considerando que las organizaciones e instituciones de la sociedad son claves para el desarrollo democrático del país, reconocer la crisis por la que continúan pasando todas las formas de representación política y social nos obliga a innovar nuestras concepciones y espacios para la participación, dejando que ingrese la luz y el aire callejeros al interior de las instituciones y saliendo al encuentro de estos jóvenes que continúan al margen de las decisiones. Para comprender y compartir la democracia, las y los jóvenes necesitan aprender a participar y experimentar cotidianamente una participación eficaz que logre resultados y cambios en la realidad.
En esta tarea, las y los comunicadores tenemos un papel fundamental. Por un lado, porque mediante la (re)creación de historias, imágenes, frases, personajes, escenarios o situaciones trabajamos sobre los relatos que pueden ayudar a imaginar el cambio. Y por otro lado, como mediamos en las relaciones entre diversos sectores de la sociedad que se conocen mal y se tratan peor, podemos contribuir a mostrar que el cambio es viable mediante experiencias concretas de diálogo. En nuestra experiencia, hemos identificado seis fibras que entrelazadas pueden formar el tejido de una propuesta que promueva la comunicación pública joven.
a. Conocer para comprender (y no sancionar). ¿Qué pasa por la cabeza y por el corazón de las y los jóvenes? El mundo de sus sentimientos y pensamientos más íntimos no es accesible. «Cada cabeza es un mundo», soneó Héctor Lavoe alguna vez. Entenderse a sí mismo es un proceso que jamás termina, pero que es necesario emprender para ubicarse en el mundo, para empezar a tomar decisiones. Escuchar y expresarse son dos caras de una misma moneda. Conocer a los jóvenes a partir de sus relatos y creaciones es una manera menos rigurosa y más ambigua, pero más rica y profunda. Dialogar con las ideas y los sentimientos que expresan, mejor aún si éstos son irreverentes.
b. Que se piensen en relación con su entorno. Debemos alentar en las y los jóvenes el hábito de registrar lo vivido, sentido y pensado cotidianamente, práctica que ayuda a reflexionar sobre las propias decisiones. También retar su imaginación y provocar la reflexión creativa a partir de lo que viven y de lo que ven a su alrededor; buscamos que no se miren ni se piensen aislados, sino en relación con su mundo: familia, barrio, ciudad, país. Por ello, el tema o la pregunta lanzada es clave: su enunciado final debe ser atractivo y claro, provocador, de referentes concretos y posibilidades ilimitadas para la expresión, que responda a la demanda por libertad de los jóvenes. Y a la vez, debe ser asociable a temáticas que permitan organizar una discusión posterior con ellos y ellas.
c. Que no «hablen» los de siempre. Que cualquier joven sienta que su propia historia, sus sentimientos e ideas son valiosas. De manera que no se autoexcluya ni se deje marginar del escenario de la expresión pública. Crear, opinar, realizar iniciativas no es un don reservado a unos cuantos elegidos. Limitar el discurso de la participación a las demandas e ideas planteadas por los líderes de las organizaciones juveniles, es restringir la participación a los pocos de siempre. Abrir el juego y darle pelota a los jóvenes «a granel» (anónimos, tímidos, transgresores), ofrecerles espacios para que construyan y expresen públicamente sus propias opiniones, mediante diversos medios creativos y comunicativos que se adecuen a sus diferentes lenguajes, ritmos, estéticas, formas de ser, etc.
d. Reconocimiento e influencia pública de las propuestas expresadas. Motivar el interés de empresarios, medios de comunicación, autoridades, instituciones culturales y educativas, y público en general, por aquello que las y los jóvenes expresan sobre el país. Completar el circuito comunicativo, las ideas y propuestas expresadas por las y los jóvenes no deben ser el paradero final del proceso, sino el punto de partida para un diálogo público donde otros jóvenes y adultos se involucren, reaccionen, enriquezcan esas ideas. Sistematizar el proceso mediante el cual diversos jóvenes y ciudadanos se expresaron y dialogaron, sintetizando las principales propuestas recogidas como insumos para el trabajo de cabildeo político con autoridades.
e. Consolidación de los espacios creados. Para alcanzar el propósito de la visibilidad y participación de las y los jóvenes, las iniciativas deben lograr un impacto público y político. En tal sentido, es necesario que los espacios creados se consoliden, vayan ampliando su capacidad de convocatoria y apropiación por diversos sectores de la juventud, se sostengan durante un tiempo adecuado, se conviertan en una referencia para otros sectores, y se integren y articulen a las iniciativas de otras instituciones.
EPÍLOGO. A ESTA ALTURA DEL CAMINO
La demanda de las y los jóvenes por reconocimiento público no cesará, aunque la generación sea otra y nuestro país, también. Sin embargo, la propuesta de estimular la creatividad y la comunicación pública, como una manera de promover que las y los jóvenes interpelen e interpreten al país, lo sientan, dejen la comodidad de la butaca y se atrevan a subir al escenario público con sus ideas, ilusiones y sentimientos; esa propuesta sigue aún vigente. Vigente para tomar la difícil ruta de hacerse ciudadano y ciudadana en un país que, más bien, les reserva un sitio oscuro y anónimo en las graderías, porque quiere que se conformen con ser sólo espectadores de talkshow, público de mítines y fans en conciertos de moda.
La pelea en última instancia es contra el conformismo que les hace aceptar las cosas como son, así les parezcan injustas. Todas las iniciativas políticas, educativas, culturales o sociales que pretendan lograr una verdadera y trascendente influencia en el país y en sus ciudadanos, deben contribuir a un propósito de fondo: demostrar, con el propio ejemplo cotidiano, que sí es posible cambiar las cosas; que se puede conocer, creer y defender la verdad; que se puede confiar en y respetar a nuestros semejantes porque eso somos, semejantes, iguales en derechos y responsabilidades.
Javier Ampuero Albarracín
cpcalandria@terra.com.pe
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Este número del Son de Tambora expresa un punto de vista personal; ha sido escrito y firmado por su autor. Las opiniones que aquí se expresan reflejan su pensamiento individual y no necesariamente, el de La Iniciativa de Comunicación o el de sus socios.
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Socios: Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, ANDI, BBC World Service Trust, Banco Interamericano de Desarrollo, Bernard van Leer Foundation, Calandria, CFSC Consortium, CIDA, Citurna Producciones, DFID, FAO, Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, Ford Foundation, Fundación Rockefeller, Healthlink Worldwide, Imaginario, Instituto Internacional para la Comunicación y el Desarrollo, Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health Center for Communication Programs, MISA, Organización Mundial de la Salud, Organización Panamericana de la Salud, PANOS, PNUD, SAfAIDS, Sesame Workshop, Soul City, UNAIDS, UNICEF TACRO, Universidad del Norte, USAID, W.K. Kellogg Foundation.
Coordinador del grupo de socios de la Iniciativa de Comunicación: Garth Japhet, Soul City garthj@soulcity.org.za
Director Ejecutivo: Warren Feek wfeek@comminit.com
Directora para América Latina: Adelaida Trujillo atrujillo@comminit.com
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