|
Editorial
El iPhone llegó a América Latina sin pena ni gloria. A pesar del marketing mundial de Apple y de las impactantes presentaciones de Steve Jobs, el desembarco del teléfono celular 3G de (casi) última generación de la manzanita no tuvo a los consumidores ansiosos en los puertos de la región esperando el arribo de las naves que contenían la preciada mercadería.
No hubo largas filas aguardando que la cuenta regresiva llegara a cero para entrar a las tiendas con emoción y salir orgullosos con sus nuevos móviles. No al menos en Latinoamérica; aunque hay que reconocer que en Polonia hubo mucha gente a la vera del camino, pero fue sólo un espejismo creado por los incorregibles cerebritos del marketing: la empresa Orange contrató actores para que formaran esas filas.
¿No se cansan de insultar la inteligencia del mercado? Parece que no.
En Argentina -por citar un ejemplo- el dispositivo que Jobs anunció a un espectacular precio de 199 dólares cuesta casi tres veces ese valor, tanto si se compra a través de Claro como de Movistar. Y por supuesto, el comprador queda atado al proveedor por varios años.
¿No será mucho? ¿El triple por el mismo producto?
Esta clase de políticas comerciales le sirve como excusa a quienes traen el celular desde Estados Unidos y lo desbloquean. Ummm… renta extraordinaria (parafraseando al gobierno argentino)… ¿Estaremos ante la sojización de la tecnología?
Un plato de Tofú a la derecha, por favor.
José Chama
Executive Editor
ebizLatam.com
|