Marshall McLuhan 1911-2014
Octavio Islas.
Un día como hoy, 21 de julio, pero de 1911, nació en Edmonton, Canadá, Herbert Marshall McLuhan, a quien la revista Wired, obligado referente en temas de cibercultura, designó santo patrón.
Marshall McLuhan no solo es conocido por su compleja tesis: “the medium is the massage”,y por haber anticipado los avanzados conceptos aldea global y Edad de la Información (Information Age).
En él debemos reconocer al explorador que destacó la importancia de los ambientes mediáticos en la comprensión del devenir histórico de la humanidad; quien afirmó que podemos comprender a las tecnologías y los medios de comunicación como prolongaciones de nuestro cuerpo, facultades y sentidos; que es posible distinguir entre medios calientes y fríos con base en la definición del medio y el grado de participación de las audiencias.
McLuhan, complejo humanista, además introdujo una interesante Tétrada que permite explicar los cambios culturales generados por los medios y las tecnologías a través de la historia.
Si bien acostumbraba afirmar que no había elaborado una teoría rigurosamente estructurada: “no dispongo de una teoría, solo observaciones”, de facto sí lo hizo, y hoy es reconocido como el fundador de la Ecología de los Medios (Media Ecology).
McLuhan fue un formidable visionario que, en 1964, hace 50 años, anticipó Internet en la Introducción del libro Understanding Media. The extensión of man: “Tras tres mil años de explosión, mediante tecnologías mecánicas y fragmentarias, el mundo occidental ha entrado en implosión. En las edades mecánicas extendimos nuestro cuerpo en el espacio. Hoy, tras más de un siglo de tecnología eléctrica, hemos extendido nuestro sistema nervioso central hasta abarcar todo el globo, aboliendo tiempo y espacio, al menos en cuanto a este planeta se refiere. Nos estamos acercando rápidamente a la fase final de las extensiones del hombre: la simulación tecnológica de la conciencia, por la cual los procesos creativos del conocimiento se extenderá, colectiva y corporativamente, al conjunto de la sociedad humana, de un modo muy parecido a como ya hemos extendido nuestros sentidos y nervios con los diversos medios de comunicación”.
Con el paso de los años, no pocas de las tesis formuladas hace 50 años adquieren sorprendente vigencia: “Las velocidades eléctricas producen centros en todas partes. En este planeta han desaparecido los márgenes (…) resulta fácil predecir que cualquier nuevo modo de trasladar la información afectará a su vez toda la estructura de poder existente”.
Ello precisamente ha ocurrido con Internet. La gestación de un nuevo orden informativo mundial ha erosionado la estructura de poder vigente. Por ende las iniciativas destinadas a censurar Internet (PIPA, SOPA, ACTA, la llamada “Ley de los Compositores”, la iniciativa Döring, etc.), o los intentos de convertir a Internet en un efectivo panóptico digital o Big Brother (Orwell, 1984).
Con quince años de anticipación a Alvin Toffler, quien en el libro La Tercera Ola (1979), introdujo el concepto de prosumismo, McLuhan afirmó: “La automatización introduce la verdadera producción en masa, no en términos de cantidad sino en virtud de un instantáneo abrazo inclusivo (…) La automatización no afecta solamente a la producción, sino a todas las fases de consumo y comercialización; en un circuito automatizado, el consumidor se convierte en productor, del mismo modo que el lector del mosaico de la prensa telegráfica se hace sus propias noticias o, simplemente, en sus propias noticias” (McLuhan 1996. 351-354).
En años recientes la evolución de Internet ha impuesto profundas transformaciones en la ecología cultural de las sociedades contemporáneas, modificando, incluso, elementos que ayer permitían comprender la dinámica del proceso comunicativo.
Para poder explicarnos la complejidad de los cambios que ha introducido Internet –y que definitivamente seguirá introduciendo, resulta indispensable recuperar a McLuhan”. Nada más práctico que una buena teoría.
