PRENSA ¿Amordazada?
No. 286 :: Del 27 de mayo al 2 de junio de 2010
Jorge Villalobos y Erick Zúñiga
Los bárbaros niveles de inseguridad mantienen en un dilema a los medios: cómo no ocultar la realidad sin atizar la paranoia. Algunos han preferido callar, pero la ruta es construir un contexto de defensa a los derechos
Ante la crisis, el silencio como estrategia. Ése es el mensaje que se lee en la decisión por parte de Televisa de suspender los reportes sobre el secuestro de Diego Fernández de Cevallos, y que abre el debate sobre el papel que los medios deben ejercer en la cobertura de la inseguridad que priva en México.
¿Dónde debe ubicarse la prensa en este fuego cruzado entre los militares y los jefes del crimen organizado? ¿Cómo contrarrestar el vacío informativo que suele predicar el gobierno de Felipe Calderón, ante circunstancias delicadas? ¿Qué papel deben jugar los periodistas para cambiar el horizonte del país?
De acuerdo con los comunicólogos, sólo hay un camino: no dejarse tentar por la autocensura y, en cambio, promover un contexto de exigencia que vele por el buen ejercicio de gobierno, la rendición de cuentas, la construcción de un entorno a favor de los derechos ciudadanos.
“En principio, el papel de los medios es informar sin ningún tipo de autocensura”, asegura Octavio Islas, director de Proyecto Internet de la Cátedra de Comunicación Digital Estratégica del ITESM, campus Estado de México.
Pero ése no es siempre el caso. La coyuntura –repleta de asesinatos, ejecuciones masivas, muertes de civiles, secuestros, ineficiencias en la impartición de justicia– supone para los medios mexicanos una situación a la que no se habían enfrentado antes y para la cual parecen no estar preparados, complementa la catedrática de la UNAM, Alma Rosa Alva de la Selva.
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