4436 México, Yo influyo.com, Legionarios de Cristo Por sus frutos los conocemos, editorial, martes 9 de marzo de 2010

La polémica que se ha levantado en torno a los Legionarios de Cristo y su fundador es mucho más compleja de lo que se ha ilustrado en la mayoría de los medios de comunicación. Venidos a jueces, muchos informadores asumen un rol que, lejos de ayudarles a cumplir su cometido de servir a la verdad, los convierte en defensores de lo políticamente correcto.

El día 3 de marzo pasado, la afamada periodista Carmen Aristegui entrevistó a personas que se decían descendientes del sacerdote fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. El efecto en los medios de comunicación fue impresionante: cientos de notas se publicaron en torno al caso, noticiarios de radio y televisión dieron cuenta del hecho. Todos querían opinar.

La postura editorial coincidía: así sin más, calificaban a Marcial Maciel de pederasta. Por ejemplo, el periodista José Cárdenas, para promover su columna en Twitter, decía: “Maciel, una mente retorcida al servicio de Dios”. En la izquierda dicen que la Iglesia Católica es una “madriguera de lobos que violan a sus propias ovejas”.

¿Qué es todo ello, sino muestras del prejuicio y la falta de investigación periodística? ¿Qué otra cosa puede ser, sino adicción al rumor y al enjuiciamiento que no diferencia la realidad?

Lo cierto es que este ejemplo ilustra muy claramente un riesgo que permanentemente corremos los medios de información: desapegarse de los hechos, de la verdad, para difundir mensajes que no tienen relación con aquéllos.

La ética, entendida de diferentes formas en el periodismo, no puede anclarse en los hechos escandalosos, en la coyuntura y mucho menos en la malicia de la calumnia y la difamación.

Juzgar al padre Maciel sin tener los elementos y evidencias para hacerlo es sinónimo de deshonestidad informativa, tentación en la que han caído medios y periodistas. Los diarios El Universal, La Jornada y Milenio, entre otros, asumieron una posición intransigente frente a este tema, fueron eco de la entrevista de Aristegui, pero no mostraron más evidencias que su indignación.

Sería positivo, en el afán de lograr nuestra transición democrática, que su compromiso informativo prescindiera del morbo y el escándalo, de las componendas y tramas políticas infructuosas, para ponerse al servicio de una sociedad que reclama y requiere un trabajo periodístico serio, que se diferencie de convencionalismos anacrónicos.

La visita apostólica que realiza la Santa Sede a los Legionarios de Cristo arrojará resultados muy pronto. ¿Por qué no esperar a que sea la propia Iglesia Católica, -de la que reniegan tanto Ciro Gómez Leyva, Ricardo Alemán, Ricardo Raphael, Julio Hernández, Carlos Marín, Carlos Loret de Mola, entre otros- la que presente las evidencias que halló?

La Iglesia Católica, por su parte, ha tenido un manejo de la situación ejemplar. No da lugar a rumores ni a habladurías. Quienes caen en ello, lo hacen por su cuenta, por iniciativa propia.

Algo de prudencia debían aprender de la Iglesia Católica los medios de información. El manejo del caso, la claridad con la que se ha tratado, la disposición a enfrentar la problemática sin rodeos es la muestra de que la institución es consciente de la situación y de los testimonios, tanto que busca encontrar la verdad en todo esto.

En breve conoceremos la postura de la Iglesia Católica en torno al tema. Sin embargo, no deja de sorprender que los Legionarios de Cristo sigan obteniendo frutos: ordenando sacerdotes, reclutando seminaristas, con sus escuelas e instituciones más firmes que siempre, todo al servicio de la comunidad y la causa católica. No queda duda, la máxima evangélica es clara y contundente: “por sus frutos los conoceréis”.
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Comentario de Octavio Islas

Para la ultraderecha mexicana, la Iglesia Católica es quien debe juzgar a Marcial Maciel.

El problema radica en que las víctimas del criminal Marcial Maciel, fueron sistemáticamente desatendidas en el Vaticano.

Juan Pablo II, quien oportunamente fue enterado de las acusaciones contra el fundador de los legionarios, calificó a Maciel como «ejemplo para la juventud».

Efectivamente, su conducta fue «ejemplar». Yo influyo pasa por alto la existencia de los hijos mexicanos del padre Maciel, de los cuales abuso sexualmente -pequeñísima omisión-

A Yo influyo.com, definitivamente no le interesa el dolor que causó Maciel a sus víctimas.

Las víctimas de Maciel como los periodistas que han señalado el comportamiento criminal de Maciel, forman parte de un «complot» contra la Iglesia. La tesis de Norberto.

Así es como la ultraderecha mexicana afirma sus valores «cristianos».
Por ello tantas personas se han apartado de esa Iglesia.

Una última observación sobre este párrafo: «En breve conoceremos la postura de la Iglesia Católica en torno al tema. Sin embargo, no deja de sorprender que los Legionarios de Cristo sigan obteniendo frutos: ordenando sacerdotes, reclutando seminaristas, con sus escuelas e instituciones más firmes que siempre, todo al servicio de la comunidad y la causa católica. No queda duda, la máxima evangélica es clara y contundente: “por sus frutos los conoceréis”.

Ninguna catedral, ninguna universidad, ninguna orden sacerdotal justifica la conducta criminal de Maciel.

Quizá la ultraderecha considere que el dinero en realidad lo justifica todo.

2 Comentarios

  1. Una de las cosas más difíciles para mí es guardar la ecuanimidad cuando se trata de la perniciosa secta de los Legionarios de Cristo, y de la Iglesia Católica, responsable de tantas aberraciones.

    Considero que, a la vista de los hechos, nunca habrían reaccionado si no fuera porque, en Estados Unidos, sus víctimas pidieron indemnizaciones millonarias, y fueron obligados a pagar, poniendo en bancarrota varias diócesis con obispos más preocupados en acallar a las víctimas que en permitirles obtener justicia con la excusa de que es gente que sólo quiere dinero.

    Lo mismo que ahora dicen de los «presuntos» hijos de Maciel.

    Saludos cordiales

    l’agüela

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    1. Siempre agudas y oportunas reflexiones de mi apreciado «Gatopardo».
      Duele la injusta ceguera de ese sector tan fanático, quien siempre justifica los crímenes cometidos por los sacerdotes, olvidando el dolor causado a las víctimas.

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